Presidente Trump

En la elección general el magnate se enfrentaría a una candidata Clinton que es sumamente popular entre los latinos y lo supera también entre afroamericanos y asiáticos

En una de las secuencias de la genial serie animada de FOX  “Bordertown” Ernesto un mexicano inmigrante que vive en el imaginario pueblo de Mexifornia, Estados Unidos se queja de que cada vez tiene más competidores latinos en su negocio de jardinería.

Ernesto confiesa que hubiera querido que la migración se hubiera detenido inmediatamente después de que él llegó a los Estados Unidos y en ese momento, en el que una especie de “polvo mágico” cae sobre su cabeza, se da cuenta de que se ha convertido en un auténtico americano.

La elección presidencial del 2016 podría ser la última en que el voto de la población blanca es determinante para elegir al ganador. Según una estimación de Real Clear Politics el candidato republicano, que inevitablemente será Donald Trump, necesita el 64% del voto del electorado blanco y el 30% del voto proveniente de latinos, asiáticos y afroamericanos.

Algo que se antoja realmente difícil si consideramos que los republicanos sólo han superado el 60% del voto blanco en dos elecciones presidenciales, las de 1984 y 1988. Trump tiene una fuerte presencia entre los electores de la población blanca pues toda su campaña se ha orientado a comunicarse con ellos.

En la elección general Trump enfrentará a una candidata Clinton que es sumamente popular entre los latinos y lo supera también entre afroamericanos y asiáticos.

Para algunos analistas Hillary Clinton no debería tener problemas en mantener el respaldo de las minorías y ganar la elección de noviembre frente a un candidato que no ha hecho otra cosa que desprestigiar y amedrentar a los segmentos latinos y musulmanes del electorado.

Si Trump aspira a ganar deberá, una vez que sea electo candidato oficialmente, moderar el discurso intolerante y empezar a trabajar para dividir el voto de las minorías a su favor. Buscar a todos esos Ernestos que creen que la migración es algo bueno siempre y cuando no les genere más competencia. Si algo ha hecho bien Trump en la elección interna es hablarle directamente a aquellos que se sienten molestos y enojados por el estado de las cosas.

Así es como logró imponerse a la dirigencia republicana y logró desbancar a los hasta entonces intocables liderazgos que habían fracasado una y otra vez en enfrentarse a Obama y su programa de gobierno. 

Trump supo canalizar esa molestia y aprovecharla en su favor. Hoy John McCain y Mitt Romney, los dos derrotados candidatos presidenciales republicanos anteriores, no pueden hacer nada para detenerlo. La corrección política, que tanto se cuidaba en estos procesos, ha quedado a un lado y Trump puede decir casi cualquier cosa sin que le genere costos dentro de la base republicana. Las reglas de la política tradicional no le aplican pues no es un político tradicional.

Es una celebridad y en ese mundo el único pecado imperdonable es dejar de ser famoso, de aparecer en los medios, y eso no va a suceder con él ni con su candidatura.

Del otro lado esta Hillary Clinton, quien ha reconocido públicamente que no tiene las habilidades de oratoria que tienen su esposo Bill ni su exjefe Obama. Le cuesta mucho trabajo conectar con el electorado el cual la percibe distante, fría y calculadora.

Justo lo contrario de lo que necesita quien aspira a ser la primer mujer que dirige el gobierno de aquel país. Hillary ha sufrido mucho ante un Bernie Sanders que ni siquiera pertenece a su partido (es senador independiente) y que tiene algunas ideas que lo habrían puesto en la lista negra de comunistas durante la guerra fría. En el segmento latino de afiliación demócrata Hillary perdió 16 puntos frente a Sanders en tan sólo unos meses. 

Con los mensajes correctos Trump bien podría empezar a arrebatarle pedazos significativos del apoyo de las minorías.

No creo que Trump sea presidente, pero tampoco es momento de darlo por muerto. Mal hace el gobierno mexicano en compararlo con Hitler y Mussolini si tiene considerables posibilidades de ganar y un escenario donde México tenga que negociar con él es factible. ¿Se imagina usted una reunión Trump – Peña Nieto con ese antecedente? Tiene mucho más que perder México si la relación bilateral se descompone o si los acuerdos comerciales se cancelan.

La labor del gobierno es prepararse para todos los escenarios, incluido el de un presidente Trump. Una cosa es defender a los compatriotas y trabajar por que se valore lo que ellos aportan a la economía y sociedad norteamericana y otra muy distinta es enemistarse personalmente con una de las únicas dos personas que tienen posibilidades reales de convertirse en Presidente de los Estados Unidos. Hace 10 meses nadie le concedía a Trump posibilidad alguna de ser el candidato republicano. Hoy no tiene quien le compita en la elección interna. No podemos darnos el lujo de descartarlo.