Educación para el tercer milenio, ¿es posible sin tecnología?

Con el acelerado desarrollo tecnológico de estos tiempos, es común preguntarse qué tan conveniente resulta el uso de la tecnología en la educación

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Simultáneamente vemos cómo los más jóvenes manipulan dispositivos electrónicos con gran facilidad. Apenas unos meses de nacidos y ya los vemos pasando el dedito sobre las pantallas. ¡Qué distinta historia comparada con el acercamiento que los mayores tuvimos a tabletas, teléfonos celulares o computadoras! Seguro más de alguno tuvo en sus manos por primera vez uno de estos aparatos tratándolo como si fuera un objeto sagrado, casi de ultratumba, al que había que reverenciar.

Por si fuera poco, sobran contradictorios artículos que critican acérrimamente o ensalzan la tecnología. Además, leemos que importantes funcionarios de empresas tecnológicas en Silicon Valley envían a sus hijos a colegios que no utilizan tecnologías de la información y/o comunicación (TIC). ¡Sí! ¡Y sin ser de alguna secta religiosa de esas trasnochadas que impiden el acceso a los nuevos dispositivos “del diablo”!

Las TIC no deben ser entendidas como una amenaza para la formación de la persona. Las familias y las instituciones educativas deben aprovechar estos avances para formar de manera más eficaz y eficiente. La clave, en mi opinión, está en centrar la formación en el sujeto que aprende.

¿A qué me refiero? Las tecnologías pueden seguir avanzando, o disminuirse, pero la naturaleza humana permanecerá. Ahí es donde debemos avocarnos: a la formación de la persona desde sus diversas facetas; inteligencia, voluntad, carácter, emotividad. Por ello, además de los conocimientos y las herramientas tecnológicas, la convivencia y el contacto humano juegan un papel tan relevante. La explicación es muy sencilla. La educación es mucho más que la mera transmisión de contenidos.

El papel de la educación es formar personas que no se olviden de sí mismas, porque en la actualidad pensamos que la tecnología es lo medular. Hay que evitar esta desmemoria. Para ello se requiere comprender que la educación es libertad del pensamiento, y no únicamente el seguimiento ciego de normas. Enseñar a pensar con modelos, sin considerar la conciencia crítica, es adoctrinamiento… aunque abunden las “tablets”.

Las TIC no dan educación. ¿Quiere un ejemplo? Ahí tiene el caso de Jair, el muchacho recientemente agredido en la Ciudad de México por los criminales guardaespaldas de un vergonzoso ciudadano que  conducía un Ferrari rojo. Lo que la educación no da, ni un Cavallino Rampante será capaz de proporcionar.

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