Rezar mejor

Si va a orar, hágalo con la devoción del que pide con certeza de que la mejor opción está a punto de hacerse realidad

Aprendamos a pedir y a orar por el mundo y por los que más amamos. Un rezo de preocupación, aunque genuino en su intención, es una plegaria que emite frecuencias de bajo rango.

Si va a orar, hágalo con la devoción del que pide con certeza de que la mejor opción está a punto de hacerse realidad. Sea claro en su imagen mental, y dibújela llena de colores, de aromas, de  luces que la hagan tan real que parece que ya está ahí.

Eleve su estado de ánimo, y rece por los otros con la confianza puesta en su sabiduría, en el poder de su espíritu, en su fuerza interior; y no en sus debilidades o en sus problemas. Abrácelos con la compasión con la que se abriga a un ser desamparado, porque lejos de ser carentes, están pasando por retos que harán que su grandeza emerja.

No los confunda enviando señales dobles. Si va a pedir por este mundo, por este país, hágalo pensando y sintiendo todas las cosas buenas y las maravillas que le han regalado.

Embone con el lado más luminoso, más brillante y mejorado, con las grandezas de la humanidad para que entonces les dé fuerza. El poder de sus pensamientos, de sus oraciones y sus intenciones es la fibra con la que se teje momento a momento la realidad que compartimos.

No pida acercarse a Dios, porque está contenido en usted, y en cada partícula de la creación; mejor medite en todas las cosas grandes que le suceden cada día, porque ahí están. Regálese al menos 20 segundos para sentirse el ser más afortunado del mundo, y verá cómo la química de su cuerpo lo transporta en un instante de un estado a otro.

Maravíllese de que sus problemas han sido parte de su crecimiento, y responsabilícese de las elecciones que toma para ir armando su creación. Todo es relativo, y si usted cambia el enfoque, verá las mismas cosas de formas nuevas, y entonces podrá resolver el reto.

Contémplese dentro de un juego de los acertijos para que no se pierda en el espeso escenario de una realidad inamovible, porque no lo es. Los átomos están vibrando, y a velocidades no perceptibles para el ojo humano, entran y salen de esto que llamamos existencia; así que continuamente hay nuevas oportunidades para volver a esculpir hacia donde se moverán.

Asúmase como un creador para que sepa que si algo que no le gusta, es repetitivo, usted elige de forma inconsciente que así sea. Camine ese tramo, y después, experimente crear algo distinto. No sea su propio verdugo, y tampoco víctima de nadie, porque así es como se regala el poder de cada ser.

Pida, ore, rece, con alegría y contento, ríase de sus peores escenarios, pues al final si está pidiendo algo es para que éstos cambien, entonces hágalo como si de verdad creyera en lo que está pidiendo. El campo inteligente de la vida responde a cómo se siente. Permítase sentirse bien y verá cómo obtiene más de aquello que lo hace sentir así.

Pida por un mundo con todas las cualidades que sueña, recibiéndolo como si fuera algo a lo que sólo le basta su permiso para poder hacerse vida; y despreocúpese de que seamos demasiados como para pedir por todos, porque lo igual atrae a su igual, y cuando menos se lo espere, tendrá a miles o millones como usted, viviendo ya en un mundo mejor.

 

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