La columna de Toño Esquinca: ¿Autoextinción o sustento de la vida?

Muchos de los abuelos indígenas de todos los rincones del planeta han hablado del cuidado y el respeto que debemos tener por la Madre que nos regala a todos la vida física: La Tierra. Nos llaman “hermanos menores”; no porque seamos menores en edad, sino en conciencia. Nos contemplan como adolescentes desorientados, desatados y fúricos; en total e irreverencia, queriéndonos comer el mundo a puños –literalmente- sin medir las consecuencias. Sin embargo, siguen teniendo fe en la “civilización”. Será que es un acto de amor supremo, compasivo y comprensivo, pues efectivamente nos hemos comportado con total irresponsabilidad, tomando decisiones que progresivamente atentan contra la vida, disfrazándolas de modernidad, progreso y desarrollo. En cuanto la vida no es sustentable, no se puede hablar de desarrollo. ¿Desarrollo de qué? Como dice una carta del Jefe Lakhota, en 1854 al presidente de Estados Unidos: “Nuestro Dios es el mismo Dios. Quizás piensen ahora que son ustedes los que le poseen a Él, del mismo modo que desean poseer nuestra tierra. Pero no pueden poseerlo. Él es el Dios del hombre, y Su compasión es la misma para el hombre rojo que para el hombre blanco. La tierra es preciosa para Él, y hacerle daño a la tierra es acumular desprecios sobre su Creador. Los blancos pasarán, quizás antes que todas las demás tribus. Contaminarán su lecho, y acabarán ahogándose una noche en sus propios desperdicios.” Entonces, ¿cuál sería el significado real de “progreso”? Una ciudad plagada de edificios, autos y centros comerciales, sin áreas verdes, sin planes sustentables, sin energías limpias, es más como una caricatura mal hecha que pretende ser lo que no es, que una verdadera comunidad viviendo y creciendo en conciencia. No se deje engañar y tampoco se engañe: lo que no respeta la naturaleza, no respeta nada más. El planeta por entero está enfrentando este reto, en donde, por si fuera poco, nos estamos jugando la vida, ni más ni menos. Por poco que crea que contribuye lo que usted puede hacer, no lo subestime: cúrese de la bolsitis aguda, saque sus bolsas del mandado, lleve sus envases reusables al supermercado, a los lugares donde compre comida, rechace el uso de popotes, prefiera lo biodegradable, sane su compulsión a comprar lo innecesario, cuide su jardín, o el prado de su calle; y también sea una persona ecológica: no contamine su ambiente en todo sentido; haga lo que le corresponde y no enturbie su entorno; limpie sus mentes consciente e inconsciente de todo lo que le impida amar la belleza de este mundo, y sentirse libre para no ser un consumidor compulsivo y comprarse todas las ideas que le venden. Esté alerta de participar como un ciudadano responsable y únase a lo que procure el bienestar común y el sustento de la vida. Elija con inteligencia; pues es muy tonto pensar que, como dicen nuestros abuelos indígenas, un día comeremos dinero o respiraremos monedas. Limpie su mundo interior para que esto se fea reflejado poco a poco en el exterior. Conviértase en un aliado de la Madre Naturaleza, de nuestra sagrada Madre Tierra, y verá como, con tan sólo el poder de su intención y de su conciencia, ella lo ubicará en el perfecto lugar para usted sobre su superficie, como su recompensa por al fin haber aprendido. 

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