Popularidad en picada

Ayer, el diario Reforma publicó su encuesta trimestral, en la cual se refleja la caída de la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto, a su mínimo más bajo desde que asumió el poder en diciembre de 2012

Por DAVID OLIVO ARRIETA

Enrique Peña Nieto ganó la elección del 1 de julio de 2012 con trampas.

 

Aprovechando recovecos legales, construyó su imagen como candidato presidencial por lo menos dos años antes de los comicios con la entrega de millones de pesos del erario público, disfrazados como gasto en publicidad del gobierno del Estado de México.

 

 
Tramposo porque para recuperar el poder (que no el gobierno), su equipo de campaña y su partido, el PRI, utilizaron otros muchos recursos para influir en el electorado y posicionar al mexiquense como la mejor opción. Y cómo lo hizo: manipuló las encuestas con la complicidad de medios informativos y empresas encuestadoras. Lo anterior desanimó al electorado a votar por otra opción y desalentó la participación electoral.

 

 
Una prueba irrefutable de esta trampa está en el hecho de que durante toda la campaña (y desde meses antes), casi todos estas muestras de opinión pública lo colocaban con una ventaja de entre 15 y 20 por ciento, muy superior al 6-7 por ciento del resultado final.

 

 
A esto se suman el rebase de tope de gastos de campaña por parte del PRI, así como compra y coacción del voto, y el escándalo más reciente provino de  Bloomberg Businessweek al entrevistar a Andrés Sepúlveda, un hacker colombiano que detalló sus operaciones para la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012.

 

 
Con un presupuesto de 600 mil dólares, el equipo de Sepúlveda instaló software malicioso en las sedes de la panista Josefina Vázquez Mota y el entonces perredista Andrés Manuel López Obrador, con la finalidad de obtener información de sus discursos políticos, de su agenda de reuniones y de los horarios de campaña. Creó cuentas falsas en redes sociales, 30 mil bots de Twitter, que operaban a favor de Peña Nieto.

 

 
Trampas, puras trampas para ganar una elección que ya pasó a la historia como la más sucia de al menos las dos ultimas elecciones en México (2000 y 2006). El día de la elección ganó como preveían encuestas, analistas políticos y medios extranjeros. Pero a qué precio.

 

 
Su impericia para gobernar, la ausencia de un gabinete preparado para enfrentar los grandes desafíos del país se puso a la vista casi de inmediato. A golpes espectaculares, como la primera recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán y la detención de la maestra Elba Esther Gordillo, vino el desastre: escándalo tras escándalo por casos de corrupción, una economía en picada y la ausencia de un Estado de Derecho en algunas entidades, como Guerrero, donde se registró la desaparición forzada de estudiantes normalistas, hecho que lo perseguirá mucho más allá del 2018, cuando ceda el gobierno.

 

Peña Nieto rindió protesta como el gran estadista, como el nuevo rostro de un viejo PRI que los mexicanos habían sepultado en el 2000, pero ahora mismo pareciera que lo único que quiere es que ya termine su sexenio fallido.

 

 
Ayer, el diario Reforma publicó su encuesta trimestral, en la cual se refleja la caída de la popularidad de Peña Nieto, a su mínimo más bajo desde que asumió el poder en diciembre de 2012, de un 50 por ciento pasó a 30 por ciento entre la población y de un 78 por ciento a un 22 por ciento entre líderes del país. Además, otras tres cuartas partes de los ciudadanos encuestados estima que el país va por mal camino.

 
Peña Nieto ganó a la mala y su partido y gobierno perderán en 2018, pero no a la mala, sino simple y sencillamente porque la población no lo aprueba, pasó del encanto al desencanto y está harta de una clase gobernante que sólo se enriquece a costa de un país urgido de seguridad y desarrollo.

 
El país parece haber tocado fondo y eso la población, los ciudadanos de a pie, lo recordarán y pasarán la factura, sin duda, en este 2016 y por consiguiente en el 2018.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo