México en recesión… lectora (Primera parte)

La lectura es fundamental para la adquisición y trasmisión de conocimientos; aumenta la destreza para escribir; diversifica el vocabulario y mejora la capacidad expresiva, entre muchos beneficios más, relaja y divierte

“Carecer de libros propios es el colmo de la miseria”.  Benjamin Franklin.

 

En México se lee poco. Aunque las estadísticas lo comprobarán líneas adelante, bastaría con examinar la experiencia propia para sospecharlo: ¿qué tanto leemos cada uno de nosotros y las personas más cercanas?

 

También el estudio Comportamiento lector y hábitos de lectura 2012 del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), confirma que nuestro país tiene el porcentaje más alto de “no lectores” entre los casos analizados. Le siguen Perú, Brasil, Venezuela, Colombia, Portugal, España, Uruguay, República Dominicana, Argentina y finalmente Chile, donde se registra el mayor porcentaje de “lectores”.

 

En general, reconocemos la importancia de la lectura. Sin embargo, tanto desde la perspectiva gubernamental como en la individual, se podría argumentar que la vida tiene otras prioridades. Por ejemplo, más que los libros, impulsar aquellos proyectos que aumenten la riqueza o disminuyan la pobreza.

 

Es cierto. “Primero comer y luego pensar”, reza un milenario proverbio. No obstante, las competencias consolidadas a través de la lectura tienen una relación directa con el crecimiento del ser humano y, consecuentemente, del entorno. Tal vez los efectos de la lectura no se advierten en lo inmediato, pero a largo plazo son determinantes. Entre otros recursos, leer incentiva la creatividad y la conciencia crítica; dos cualidades irrenunciables en un estado democrático y próspero.

 

Si aún faltan argumentos para valorar el hábito de la lectura, los siguientes beneficios pueden ser persuasivos. La amplia lista es digna de la envidia de un merolico al promocionar una pócima mágica. La lectura es fundamental para la adquisición y trasmisión de conocimientos; aumenta la destreza para escribir; diversifica el vocabulario y mejora la capacidad expresiva; incentiva a investigar por nuestra cuenta; estimula la curiosidad, el conocimiento de otras realidades, la generación de aficiones e intereses; agudiza la concentración y, entre muchos beneficios más, relaja y divierte.

 

El siguiente miércoles vamos a revisar algunas estadísticas respecto a las conductas de los lectores en México. Por lo pronto adelanto que, según el Módulo de Lectura (MOLEC) con cifras a febrero de 2016, los mexicanos mayores de edad leemos 3.8 libros en promedio al año. Si la cifra le genera alguna sospecha, considere que el estudio no contempla que estos libros se hayan leído totalmente. Lo platicamos en la siguiente columna.

 

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