Opinión

La columna de David Olivo: El lodazal de siempre

Dice Valdez Zepeda, en su libro La guerra sucia en campañas electorales, que “las campañas negativas tienen el objetivo central de vencer a los opositores y que se han convertido en prácticas privilegiadas de los partidos y candidatos que disputan un cargo de elección popular, a pesar de las restricciones normativas”.

Estas campañas, tan socorridas por un partido en específico, tienen como efecto hacer crisis en la conducta de los votantes, pues centran sus campañas electorales en el dolor y el placer como forma de atraer votantes o de retirárselo a los opositores.

Esta máxima se la sabe a la perfección el partido en el gobierno, pues es una práctica recurrente y sistemática en cada proceso electoral. Lo peor de todo es que, a pesar de que se incurre en el delito de espionaje en muchas de sus modalidades, no se castiga, por lo que lo sigue ejerciendo con la mayor impunidad.

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Y para muestra dos casos recientes. En enero pasado, durante las campañas electorales para la elección extraordinaria de Colima, se difundieron en redes sociales una serie de audios y fotografías de Jorge Luis Preciado, candidato del PAN al gobierno de esa entidad, en las que se le relaciona en una relación extramarital. En realidad, fuese verdad o mentira el contenido de dichos mensajes, el aspirante panista no incurría en ningún delito, de ninguna naturaleza.

Sin embargo, el misil estaba dirigido a los electores, a los simpatizantes panistas, a los ciudadanos indecisos. La misión se cumplió con éxito y el senador Preciado perdió la elección por un margen mayor que del obtenido en junio de 2015.

Otro ejemplo de estas campañas sucias se dio la semana pasada, Miguel Ángel Yunes Linares, candidato de Acción Nacional a la gubernatura de Veracruz, y puntero en las encuestas, comenzó a sufrir un bombardeo incesante de golpes mediáticos, todos ellos relacionados con su patrimonio.

En el primero de ellos se difundió una conversación de Yunes con su hijo en el que habla de la adquisición de una propiedad en el extranjero, tasada en varios millones de dólares. El segundo salió inmediatamente después, firmada por un desacreditado movimiento Anonymous, en el que se ventilan propiedades en el extranjero por más de 100 millones de pesos.


Yunes ya salió a dar la cara para desmentir ambos ataques, aclarar su patrimonio y pedir una investigación, tanto de su patrimonio como de quien está ventilando dichos golpes mediáticos, cuya única función no es desenmascarar un probable escándalo de corrupción,  sino golpetear política y electoralmente al candidato panista mejor posicionado en las encuestas por la gubernatura de Veracruz.

Pareciera que el gobierno en el poder y el PRI-Gobierno necesitan de una conciencia “blindada” cuando se trata de iniciar campañas de desprestigio contra sus opositores. Lo anterior implica husmear en sus vidas privadas, inventar defectos, calumniar, evidenciar negocios de familias. Para lograrlo utilizan cualquier herramienta, red social, cualquier artilugio que les permita causar daño y siempre evadir las leyes. Hasta pareciera que la guerra sucia es una de las claves de su plataforma política.

Nos queda claro que al PRI-Gobierno lo único que lo mueve es retener o ganar el poder a costa de cualquier precio, a costa de bombardear a un electorado harto de la clase política, cansado de políticos corruptos o ligados al crimen, y fastidiados de falsas promesas, de falsas campañas, de falsos candidatos, de falsos partidos.

 

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