Homofobia: los números del odio

México es el segundo lugar en asesinatos contra la comunidad LGBTTI, sólo por debajo de Brasil

El domingo 12 de junio Estados Unidos padeció en Orlando, Florida, uno de sus capítulos más tristes. Un ciudadano norteamericano de 29 años mató a 49 personas e hirió a otras 53 dentro de un bar popular entre la comunidad gay. El peor tiroteo múltiple registrado en la historia norteamericana.

Aunque ISIS –el Estado Islámico– asumió la autoría de este crimen, el mismo padre del homicida señaló que, más que a cuestiones religiosas, la motivación de su hijo fue homofóbica. Nota al margen, no pocas veces el fundamentalismo religioso y la homofobia se identifican. En cualquier caso, independientemente de lo religioso, quiero presentarle algunas cifras sobre la homofobia en el mundo.

Hay 79 países donde se dan penas de prisión por homosexualidad. En esos lugares, los castigos van desde latigazos en Irán, prisión en Argelia y cadena perpetua en Bangladesh (Cfr. BBC). O hasta la pena capital en Irán, Arabia Saudita, Yemen, Mauritania, Nigeria, Somalia y Sudán.

Y no son realidades tan lejanas. Incluso en el continente americano hay países que penalizan en alguna forma las relaciones homosexuales. Por ejemplo, Barbados, Belice, Granada, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago.

¿No es sorprendente que a estas alturas de la historia, después de miles de años de “civilización”, hay países donde se sigue castigando la homosexualidad? Y no, no estoy hablando del siglo IV, sino de legislaciones contemporáneas.

México, desafortunadamente, es uno de los países más homofóbicos en el concurso global. Es el segundo país con más asesinatos homofóbicos en América, el primero es Brasil y, después de México, Colombia (Cfr. Comisión Interamericana de Derechos Humanos). No por poco, 7 de cada 10 personas pertenecientes a la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual, señalan que en México no se respetan los derechos relacionados a la diversidad sexual (ENADIS, 2010).

En el 2010 se presentó la Encuesta Nacional contra la Discriminación. La ENADIS. Arrojó resultados atroces, pero no difíciles de suponer. Una de las preguntas planteadas en esta encuesta fue “¿estaría dispuesto o no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivieran personas que…? y se listaban distintas circunstancias personales para que cada quien las evaluara. En mi opinión, los resultados son terroríficos. Ahí van algunos.

Prácticamente tres cuartas partes de la población está dispuesta a compartir el techo con discapacitados. Menos mal, ¿no? Casi un cuarto de la población, el 24.2%, no compartiría casa con una persona de otra religión. Más de un tercio de la población no viviría en la misma casa que una persona con VIH/sida, y cerca del 50%, casi la mitad de los mexicanos, dijeron que no compartiría casa con personas homosexuales, ya sean hombres o mujeres. ¿Qué le parece?

Es importante poner de relieve, nuevamente, el papel educativo. Las actitudes discriminatorias, como es la homofobia, en buena medida se aprenden en casa. Nuestros niños también aprenden de provocación, separatismos, violencia y falta de respeto cuando nos escuchan frases que, a veces dichas al vuelo, sin cuidado, van cargadas de crueldad y discriminación: “gato”, “indio pata rajada”, “naco mugroso”, “como las chachas”. Mucho ojo con los odios velados que estamos transmitiendo a nuestros hijos.

Cuando la ENADIS 2010 se publicó, incluyó en su presentación una visión muy positiva de la diversidad. «Necesitamos reconocer que México –dijeron entonces– es un maravilloso rompecabezas en su diversidad de etnias, de culturas, de edades, de formas de pensar, de expresarse, de creer, de aprender, de elegir y de amar. Y que el rompecabezas nacional estará incompleto si a alguien se le deja fuera; estará dañado si a una sola de sus piezas se le hiere en su dignidad». Para pensarlo, ¿no?

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