La columna de David Olivo: la insensibilidad y la mala apuesta de Nuño

El titular de la SEP pareciera no entender que el polvorín de la CNTE le estalló en las manos, que dejó de ser un interlocutor válido del gobierno

La columna de David Olivo: la insensibilidad y la mala apuesta de Nuño

Oaxaca es uno de esos estados del surrealismo mexicano, porque tiene todo, pero al mismo tiempo no tiene nada, ni esperanza. Históricamente, esta entidad se ha caracterizado por su riqueza cultural -como la Guelaguetza, una de las fiestas patrimoniales más bellas del país y del mundo-, pero también es un estado cuyo común denominador es la pobreza y la violencia, en ese orden de ideas.

Por lo menos en la última década, Oaxaca ha sido campo de batallas de diversas luchas sociales. Lo mismo ha servido de trinchera para Appos que para maestros, o indígenas o campesinos. Pareciera que hay Oaxaca para todos y para todo tipo de manifestaciones sociales.

En los años de este sexenio, el PRI-Gobierno nos orientó sus baterías a lo que sería la gran reforma de su administración, la gran enmienda que significaría el paradigma en la educación pública del país. Pero la gran reforma no ha sido otra cosa que una bomba de tiempo, una bomba que, a alguien, sin duda, le costará todo.

Confeccionada por Aurelio Nuño, la reforma educativa fue planteada para quitarle privilegios a los maestros, que nunca fueron ganados por ellos, sino que le fueron regalados por diversos gobiernos, curiosamente todos priistas.

También fue pregonada para elevar la calidad en la educación, con candados para la permanencia y otorgamiento de plazas docentes.

Sin embargo, a tres años de aprobada y promulgada, la reforma nomás no se implementa. Y no nada más no se ha puesto en marcha, sino que cada día que pasa por más resistencias y rechazos, no nada más de los maestros disidentes, sino de diversos sectores, como intelectuales y población común.

Las protestas, plantones y hechos de violencia no han cesado desde 2013, lo mismo en el Zócalo de la Ciudad de México, que en el Zócalo de Oaxaca o el de otros estados con presencia importante de la disidencia magisterial, como Michoacán, Guerrero y, recientemente, Chiapas.

Pero lo más preocupante de todo esto es el desdén del gobierno federal para atender este conflicto, para sentarse a negociar, bajo la premisa de que “no hay marcha atrás en la implementación de la reforma educativa”.

Aurelio Nuño, uno de los más cercanos al presidente Enrique Peña Nieto, pareciera no entender que el polvorín de la CNTE le estalló en las manos, que dejó de ser un interlocutor válido del gobierno, que ni los maestros ni en el gobierno federal lo quieren en las negociaciones, que ayer se reanudaron en la Secretaría de Gobernación.

Todo esto, luego de que el domingo pasado se registrara un violento y sangriento enfrentamiento después de que policías federales intentaran retirar un bloqueo en Nochixtlán, Oaxaca. En un primer momento, los policías y maestros se enfrentaron a toletazos, patadas, trancazos, botellazos, bombas, con piedras y bombas molotov. Sin embargo, “alguien” dio la orden a los federales de responder a los maestros -la gran mayoría rurales- y a la población civil con plomo.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Policías Federales pertrechados, disparando rifles de asalto y armas cortas contra los manifestantes. El saldo del ataque, en el que nunca apareció el protocolo para moderar el uso de la fuerza, fue de por lo menos nueve personas muertas y más de un centenar heridos, muchos de ellos agentes federales.

El PRI- Gobierno defiende la implementación total de una reforma que ha costado vidas humanas y mucho desgaste político. Mucho jaloneo legislativo. Pero olvidan que este sector de maestros “levantado en armas” es el más jodido del país, es aquel que enseña bajo condiciones deplorables, es aquel que necesita más apoyos.

Pero lo más lamentable es la sordera de la actual administración, que se resistía al diálogo con el magisterio disidente bajo la premisa de que “no hay nada que negociar”, olvidando que, para sofocar el fuego, para lograr la paz, se necesita dialogar, como en cualquier país demócrata.

Políticamente hablando, negociar es “el medio de comunicación que utilizan las personas para alcanzar una decisión consensuada respecto de un tema político que los atañe”.

El PRI- Gobierno no ha entendido que en toda sociedad existen problemas y posturas distintas, lo que hace necesario aprender a negociar. No lo entendió y ahora quedó relegado como actor político relevante y sus aspiraciones presidenciales quedaron sepultadas. ¿Pues a qué le apostó Aurelio Nuño?