La columna de Yazmín Alessandrini: los “heteroflexibles”

Esta “tendencia sexual” por lo regular se detona tras la ingesta de bebidas embriagantes, ya que el alcohol es un elemento que ayuda a la desinhibición de quienes lo consumen

Aunque este término todavía no es sujeto a profundo análisis clínico por parte de sexólogos, psicólogos, psicoterapeutas y otros especialistas, las nuevas “modas sexuales” que han irrumpido en esta primera parte del Siglo XXI nos presentan a una nueva subespecie sexual (algo así como una tribu, por decirlo de alguna forma) de hombres aparentemente heterosexuales que ocasionalmente sostienen encuentros sexuales con personas de su mismo sexo y que al mismo tiempo aspiran a conservar su identidad sexual.

Sin embargo, aunque muchos consideran a este tipo de personas como bisexuales, lo cierto es que ellos mismos no se perciben así, porque la bisexualidad es una inclinación y ésta, la heteroflexibilidad, vista desde la perspectiva de quienes la ejercen, solamente es una alternativa ocasional para explorar en su búsqueda del placer sexual, por lo que tampoco consideran que sea válido que los cataloguen como “gays reprimidos”.

 Si acaso, aceptan que les digan “bicuriosos”.

 Pero ¿cuál es la motivación que transforma a un hombre heterosexual en uno “heteroflexible” o “bicurioso” y cuáles podrían ser las consecuencias de asumir un rol de esta índole? De acuerdo a un estudio publicado en el año 2000 por la psicóloga Laurie Essig, catedrática de la Universidad de Middlebury en Vermont (Estados Unidos) esta “tendencia sexual” por lo regular se detona tras la ingesta de bebidas embriagantes, ya que el alcohol es un elemento que ayuda a la desinhibición de quienes lo consumen. Además, los heteroflexibles no se enamoran de sus parejas, porque son ocasionales, por lo que no manejan el concepto de la fidelidad porque el único vínculo que establecen con sus amantes son exclusivamente sexuales y su gusto íntimo es penetrar y que su pareja les realice el sexo oral, pero por lo regular entre ellos no existen los besos.

Cabe destacar que en la antigua Roma se registraban aventuras sexuales entre hombres heterosexuales que incluso estaban casados y socialmente éstos ostentaban rangos importantes (militares, políticos, artistas, etcétera) y tras estos encuentros se incorporaban a su cotidianeidad como si nada, sin que hubiera señalamientos por parte de la sociedad que los ubicaran como homosexuales.

Las motivaciones para que un hombre se vuelva heteroflexible son diversas, siendo unas de las principales el hecho de que muchos varones son, por naturaleza, exploradores sexuales y eso ocasiona que frecuentemente les guste experimentar cosas y situaciones nuevas sin que éstas necesariamente les cambien la vida en lo estructural y conceptualmente; por otra parte, también podemos tomar como elemento preponderante al hecho de que muchos caballeros suelen desencantarse de las mujeres y tras varias rupturas con éstas, su razonamiento los lleva a concluir que muy seguramente pueden congeniar con alguien de su mismo sexo, sobre todo porque los hombres suelen expresar sus sentimientos a través de los genitales y no con el corazón. Y también no podemos sustraernos al poderoso factor que implica el narcisismo (tan presente en los gimnasios), donde los cuerpos bien formados despiertan la admiración tanto de damas como de caballeros.

 Al final del día, todo mundo tiene derecho de ejercer su sexualidad de la manera más libre que consideren y si las prácticas que abrazan, tanto momentánea como permanentemente, no les provocan conflicto alguno, pues no hay razón para considerar que aquello que estén haciendo sea necesariamente malo o equivocado.

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