La columna de David Olivo: ¿golpe de timón? ¡Ojalá!

El PRI-GOBIERNO comenzaba a dar otra de sus clases de incongruencia, con la decisión de los gobernadores de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, de blindarse por malos manejos en sus gobiernos

La columna de David Olivo: ¿golpe de timón? ¡Ojalá!

La incipiente democracia mexicana nos había demostrado, siempre, que partidos y políticos sólo simulan, les gusta pregonar con ejemplos ajenos, le encanta presumir logros insatisfechos, les fascina presumirse como instituciones y hombres congruentes, pero siempre defensores y vigilantes de sus intereses, propios y personales, nunca de la sociedad ni de sus gobernados.

Tras el fracaso electoral del PRI-GOBIERNO, parece que el rejuvenecido partido tricolor y su dirigencia, en congruencia con su discurso democrático, había decidido cobrar la factura ante la dolorosa e histórica caída del tricolor en entidades que no conocían la alternancia.

Sin embargo, el PRI-GOBIERNO comenzaba a dar otra de sus clases de incongruencia, con la decisión de los gobernadores de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, César Duarte, Javier Duarte y Roberto Borge, de blindarse ante la acción de la justicia por malos manejos en sus gobiernos. En pocas palabras, temen ser encarcelados por delitos de fraude, enriquecimiento ilícito y desvío de recursos públicos.

Para lograr su cometido, los tres priistas echaron a andar las maquinarias legislativas a fin de aprobar reformas de último momento, que disfrazadas de fiscalías anticorrupción, su único fin era proteger a los gobernadores salientes. Pero la presión política y social les ganó.

En las entidades hubo enfrentamientos entre la población y fuerzas del orden por la aprobación de estos “paquetes” de impunidad y de inmunidad. Partidos de oposición, principalmente el PAN por medio de Ricardo Anaya, encabezaron una serie de protestas para exigir al gobierno federal su intervención ante estas nuevas trampas del PRI.

La presión social y política fue de tal peso, que lograron la intervención del presidente Peña, para corregir la plana a su partido, aquel que cayó en las urnas el 5 de junio pasado. El Ejecutivo federal ordenó a la PGR impugnar esta serie de reformas legislativas en una clara señal de que había entendido el mensaje de la ciudadanía. El próximo año viene una elección crucial y determinante para tratar de mantener el poder en 2018, la del Estado de México.

La PGR impugnó las reformas legislativas de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, y el gobierno federal y el PRI abandonaron a su suerte a los Duarte y a Borge. No quieren que la sombra de Tomás Yarrington, Eugenio Hernández o Humberto Moreira los siga en los comicios de 2017 en el Estado de México, Nayarit y Coahuila, ni mucho menos los presidenciales de 2018.

Y así fue. Los abandonó a tal grado que Javier Duarte decidió recular en sus intentos de blindarse, mientras que César Duarte comenzó a preparar su estrategia legal para el segundo después de dejar el cargo y Roberto Borge decidió destruir cualquier evidencia que lo vincule con cualquier delito. 

Pero todo esto no se hubiera logrado sin la presión del PAN y de su dirigente Ricardo Anaya, quienes ejercieron una presión a escala nacional e internacional.

No obstante las argucias por evadir la justicia, los Duarte y Borge tienen los días contados. No aprendieron que estos tiempos son distintos, que los reclamos de la sociedad ya se escuchan fuera del país, que estamos como país bajo el escrutinio internacional y que su Presidente y su gobierno están sin rumbo.