La columna de Jessie Cervantes: Marco Antonio Muñiz, un lujo inolvidable

En días  pasados tuve la oportunidad de conocer a uno de los artistas más importantes que ha tenido la historia de la música de este país, un gran ser humano, un verdadero amigo y, ante todo, un auténtico caballero, un artista de los que ya no hay, de los que se extrañan, un hombre cuya trayectoria permanece intacta y muy ligada al éxito, al romanticismo y a la mujer.

Estoy hablando de don Marco Antonio Muñiz el llamado Lujo de México que a sus ochenta y tres años guarda una lucidez espectacular y conserva una voz que quisieran muchos de los que hoy se consideran ídolos.

Y son justo estos últimos los que necesitan ejemplos, necesitan modelos a seguir en todo lo que se refiere a una carrera artística, para su trato con el público, con los medios de comunicación, con los empresarios con todo lo que los rodea. Y es que don Marco perece que pocas veces se equivocó, por lo que te platica, sus historias llenas de verdad y cargadas de mucha emoción fue ídolo de muchos artistas, presidentes, deportistas, toreros, es más, es ídolo de otros ídolos.

Creo entonces que tenemos frente a nosotros la oportunidad de festejarlo, de homenajearlo y de llevar su vida a ser mostrada para que podamos, los que lo conocemos, seguir aprendiendo y los que no han tenido esa fortuna puedan aprender de alguien como él. Hoy su legado continúa con gran éxito. Su hijo Jorge El Coque Muñiz es de los artistas que más venden discos en este país en una época en donde lo que menos pasa es justo vender música.

Se nota a leguas que aprendió perfecto la lección, su manejo es magnífico y está en una etapa de la vida donde sabe qué hacer para satisfacer a un público que ya lo quiere y lo consume porque no sólo lo compran para escucharlo, lo compran para verlo y ya hemos hablado que hoy en día es el nombre del juego.

El tercero de la dinastía es Axel Muñiz, hijo de Coque, que viene empujando con la enorme losa de la fama de su abuelo y su padre. Se nota un muchacho muy sano, muy preparado y que, a pesar de lo que se pudiera pensar, le ha costado porque su padre lo ha hecho ir paso a paso para que aprenda lo bueno y lo malo, dónde empujar y dónde jalar.

Estas son las historias de las que me gusta escribir, historias de grandes ídolos que de raíz salieron y se forjaron con base en hambre, trabajo y mucho sacrificio; seres humanos que hoy puedan servir de ejemplo para los miles que quieren ser grandes estrellas y que creen que el camino es fácil, que es cuestión de una cara hermosa y una mediana voz, hay que aprender, hay que prepararse y ver en estos grandes los detalles que pudieran hacernos mejores en lo que hacemos.

Hoy nada me daría más gusto que don Marco Antonio Muñiz, El Lujo de México, fuera reconocido como se merece. Hoy nuestro país, entre muchas otras cosas, necesita de grandes ejemplos, de historias de vida cargadas de éxito y de aplaudir hasta el final a los hombres que por décadas han puesto muy alto el nombre de nuestra tierra adorada.
¿Quién se apunta?

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