La columna de Ibero 90.9: la PokeRevolución será smartphoneada

El fenómeno viral que ha surgido alrededor es impresionante

“La revolución no será televisada” y no lo fue, llegó desde la pantalla de nuestros teléfonos celulares. Y fue de la mano de una emblemática rata amarilla con chapitas y todo su universo: Pokémon Go.

¿Por qué es tanto el revuelo? Porque es la consumación de una de las franquicias más importantes en la historia de los videojuegos. Y no fue para menos, ya que saca de las consolas portátiles este gran clásico; además de incorporar un maravilloso uso de realidad aumentada, con la que los pokemones de verdad parecen estar en la calle, los parques o los edificios. Por si esto fuera poco –con uso del localizador del dispositivo– los usuarios deberán recorrer diferentes zonas en busca de los personajes, como si de boy scouts se tratase, en vez de quedarse inmersos en pequeñas cuevas plagadas de comida chatarra y consolas.

Dejando de lado el nuevo estándar para los videojuegos que este lanzamiento representa, el fenómeno viral que ha surgido alrededor es impresionante. Tras una semana de su lanzamiento las acciones de Nintendo se dispararon 40% a la alza, a pesar de que el juego sólo había salido en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos; pero esto sólo fue el inicio: desde el caso de una adolescente que encontró un cadáver cerca de un río mientras buscaba un pokémon, hasta el accidente en carretera que ocasionó un conductor al detenerse para atrapar un Pikachu, uno de los más emblemáticos y cotizados en la dinámica del juego.

El asunto se está saliendo de control, las autoridades no saben cómo tratar con la “fiebre Pokémon Go”. Y las protestas no han sido pocas, siendo una de las más sonadas las del Museo del Holocausto en Washington DC, donde un usuario encontró un pokémon que asemeja una bomba de gas dentro del recinto. Aquí ya estamos hablando de que este popular videojuego necesita una regulación sobre zonas en dónde funcione y bajo qué lineamientos debe hacerlo, caso similar al de los drones; sin dejar de mencionar el delicado tema del “control parental”: uno querría saber en dónde se meten los hijos mientras buscan pokemones.

Antes de que el fenómeno termine de viralizarse a nivel global, regulaciones de este tipo deben ser discutidas. Después de todo, un videojuego no puede sobreponerse a la realidad, más si puede revolucionarla; no se preocupe si va a Xochimilco y ve a unos chicos apuntando con sus smartphones hacia las chinampas… Probablemente estén buscando un pokémon ajolote.