La columna de Toño Esquinca: cuidar las palabras

El sonido es la llave que puede entrar en las capas más profundas de la materia antes de que ser manifestada e incluso establecer una conexión directa con el alma

“En el principio era la palabra, y la palabra era con Dios, y la palabra era Dios…” Es una revelación conocida por muchos. A lo largo de la historia todas las tradiciones espirituales y religiosas han hablado del poder de las oraciones, de las palabras y de los cantos sagrados. Las mentes más brillantes han hecho alusión a la música como parte fundamental del sentido de la vida. Y lo es. Los descubrimientos actuales sobre Cimática han demostrado que las vibraciones de los sonidos crean formas específicas en la materia.

El entendimiento de que el mundo físico está compuesto 99.99% de vacío refuerza la noción de que lo que concebimos como realidad está compuesto de energía traducida en átomos y moléculas en constante movimiento. El sonido es la llave que puede entrar en las capas más profundas de la materia antes de que ser manifestada e incluso establecer una conexión directa con el alma ¿quién no se estremece o se conmueve con la música que toca su corazón? La música sagrada, es decir, la música que genera vibraciones de armónicos en proporciones sagradas, es capaz de restablecer el equilibrio de lo que está fuera de la armonía natural hasta el nivel subatómico.

Incluso nosotros emitimos vibraciones que pueden traducirse en música, cada uno somos una canción universal, y de lo que decimos depende en gran medida lo que vemos manifestado en la realidad. Conforme seamos observadores conoceremos el poder de la palabra y de sus vibraciones, y así también sus efectos. Las palabras pueden construir o destruir a cabalidad. El efecto de decir algo que exalta las cualidades de una persona es muy palpable: podemos ver su gusto, su gratitud e incluso su mejoría.

Por eso es fundamental cuidar de los sonidos que emitimos ¿cómo y para qué usaremos nuestra voz? Cada nota y cada frecuencia que lleva una intención detrás es como un emisor de señales que va a favor o en contra de la paz, de la aceptación, de la armonía, de la salud, del bienestar, de la abundancia de cosas positivas. Es tiempo de ser conscientes de que somos poseedores de este regalo para sanar a nuestro mundo comenzando por cada palabra cotidiana, por nuestro día a día, y por la práctica de palabras elevadas que vayan sanando poco a poco todo el dolor causado por pensamientos, acciones y palabras dañinas. El planeta por entero, México, las familias, nuestro propio ser, necesitamos este equilibrio para recuperar la salud de un cuerpo completo que formamos todos.

Comience usted por decirse cada mañana todo lo bueno que pueda reconocer de sí mismo, y luego expándalo a los demás, no importa que no los conozca. Lo crea o no, a veces un sencillo reconocimiento al prójimo, cambia su manera de sentir en ese momento, y así, de sus decisiones. Sea consciente de cómo las cosas negativas que le ocurren, están íntimamente ligadas a lo que dice cada día; de esta manera, palabra a palabra irá siendo más capaz de afirmar lo que quiera hacer crecer en usted y en su entorno. Pruébelo, es como tener una varita mágica en las manos. 

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