La columna de Yazmín Alessandrini: ¿conseguiste la vida que soñabas?

Más allá de que seamos exitosos, bien vale la pena atisbar un poco si logramos convertirnos en todo eso con lo que soñábamos ser cuando éramos niños

Sacar balances en esta vida, cuando se llega a la edad adulta, no es nada sencillo. Nuestra realidad, a grandes rasgos, se conforma de todas las circunstancias y decisiones (las tomadas y las no tomadas) que se hilvanaron con el paso de los años y que, para bien o para mal, nos ubican en la justa dimensión del tipo de persona en la que nos hemos convertido. Porque, más allá de que seamos individuos exitosos, bien vale la pena atisbar un poco si efectivamente logramos convertirnos en todo eso con lo que soñábamos ser cuando éramos niños o adolescentes.

Futbolistas profesionales, astronautas, médicos prominentes, poderosos empresarios, finos aristócratas, valiosos activos para nuestra comunidad, millonarios admirables, temibles políticos… lo cierto es que todos aquellos que tuvimos una niñez y una adolescencia sabemos muy bien que las posibilidades son infinitas, pero también sabemos muy bien que siempre se nos van a presentar situaciones en el trayecto que por equis o por ye provocan que nuestro plan principal sufra incontables transformaciones hasta acabar siendo algo que ni siquiera teníamos contemplado en nuestro proyecto original.

Y lo anterior bien puede tener dos vertientes. La primera, que en la edad adulta muchos hombres y mujeres vivan completamente frustrados porque en su día a día se dedican a un oficio o una profesión que no les agrada pero que les permite “irla pasando”; o, la segunda, que el destino y (sí, las famosas circunstancias) los hayan colocado en un sendero en el que afortunadamente encontraron su verdadera vocación.

No hace mucho tiempo, platicando con un amigo muy cercano, éste me dijo (lo que me hizo recordar una película que probablemente muchos de nosotros vimos) “si mi ‘yo’ de 17 años se encontrara con mi ‘yo’ actual, seguramente me acomodaría una tremenda paliza”. Consternada, le pregunté “¿pero por qué?”. Y su respuesta fue contundente: “Porque me convertí en una caricatura de todo aquello que deseaba ser. Permití que mi papá me convenciera para hacerme cargo de sus dos empresas, me lleno los bolsillos de dinero, pero vivo completamente infeliz. Yo quería recorrer el mundo, volverme uno de los mejores concertistas de piano del mundo, ¡porque tenía talento para la música! y mira donde acabé: vendiéndole tabla-roca a todo México y Centroamérica, encerrado en las cuatro paredes de un despacho e imaginando qué hubiera sido de mi vida si tan sólo hubiera enfrentado a mi padre y decirle que yo no quería dedicarme a lo mismo que él”.

Triste historia, ¿no creen?

Y como ésta, se los digo de verdad, hay miles de relatos así (todos verídicos, que superan cualquier ficción). Y lo peor de todo es que nunca acabarán, todos los días se acumularán más y más porque inexplicablemente millones de personas deciden renunciar a sus sueños, postergarlos, dejarlos de lado, para irse por el “camino fácil” que les exige su condición de adultos y convertirse así, sin más, en una estadística, en una tarjeta para checar horario de entrada/salida, en alguien llenando solicitudes de trabajo cada seis meses para obtener un subempleo y así…

Cierto, cuesta trabajo no renunciar a los sueños y pelear por ellos hasta el final. Pero vale la pena.

Y tú, ¿estás luchando por tus sueño o ya te rendiste?

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).