La columna de David Olivo: en México y el mundo, la pobreza no se puede ocultar

En el país abundan los cinturones de miseria

La columna de David Olivo: en México y el mundo, la pobreza no se puede ocultar

Por más empeño que los gobiernos pongan en presumir, dentro y fuera, que están trabajando para realmente combatir los rezagos, la pobreza gana. Desnutrición, hambre, falta de servicios públicos, desempleo, analfabetismo e, incluso, la obesidad, son síntomas inequívocos de que algo anda mal, de que las políticas públicas nomás no se están aplicando, son deficientes e ineficientes o son solamente una pantalla?

En México, por ejemplo, abundan los cinturones de miseria. Estas zonas periféricas pobres, formadas a través de los años por personas que han sido desplazadas de zonas rurales a las grandes ciudades por falta de oportunidades, porque no hay proyectos de desarrollo por parte de los gobiernos.

Estos cinturones de pobreza, o barrios marginales, se caracterizan por la falta de empleo, hacinamiento, falta de servicios y un bajo nivel educativo. Todo este caldo de cultivo detona también en inseguridad y violencia.

En la administración pasada se reconoció que unos 20 millones de mexicanos habitaban en los márgenes de las 121 ciudades más pobladas del país. Pero estos serían los más pobres de entre los pobres mexicanos, pues actualmente más de la mitad del país vive en situación de pobreza, según datos oficiales.

Ante esta cruda realidad, ¿que hace el actual gobierno? Tratar de ocultarla.

El año pasado, el Coneval reveló que durante los tres primeros años del gobierno de la actual administración, el número de estos pobres había crecido en dos millones. En 2015, el gobierno lo aceptó a regañadientes, pero este año lo que trata de hacer es maquillar esta cifra y de un plumazo intentar sacar unos 11 millones de mexicanos de la pobreza.

Lo anterior significaría que la clase media baja, y la media en general, se ha robustecido en México, que el gobierno está trabajando por los más desprotegidos y que las políticas públicas de combate a la pobreza son efectivas. Pero esto es una mentira.

Este intento de maquillar a la pobreza en el país provocó un cisma en el gobierno, un nuevo enfrentamiento con la sociedad civil y con los organismos autónomos, creados precisamente para servir de contrapeso al gobierno. El Inegi intentó desaparecer 11 millones de pobres al modificar los parámetros para medir la pobreza, sin avisarle al ente responsable de ello, el Coneval.

Esto desató nuevas críticas contra la actual administración, pues para los expertos en la materia, es imposible que en un año tal cantidad de mexicanos hayan dejado de ser pobres.

Sería pertinente que el PRI-Gobierno y en especial, Julio Alfonso Santaella, se dieran un “paseo” por las zonas marginales de cualquier delegación de la Ciudad de México. Que no vayan más lejos, no a Oaxaca, Chiapas o Guerrero, que vayan a Iztapalapa, a Nezahualcóyotl, a las barrancas de la Gustavo A. Madero o de Cuajimalpa. Ahí no podrían medir la pobreza, ahí la palparían, ahí la respirarían y la comerían.

Son increíbles los desatinos y desaciertos de este gobierno, sus formas tan absurdas (y burdas) de tratar de tomarle el pelo a la ciudadanía, con tal de mejorar la percepción, aquella que perdieron desde hace por lo menos un par de años, con tal de ganar votos el próximo año y en 2018.

El combate a la pobreza no se resuelve regalando despensas o ayudas sociales, se resuelve con políticas públicas eficientes y efectivas para mejorar servicios públicos, para generar mayores oportunidades a lo largo y ancho del país, para distribuir mejor la riqueza nacional, para sentar bases para la libre competencia.

Este gobierno perdió el rumbo y, pareciera, que no le queda tiempo más que para maquillar las cifras negativas en todos los rubros y para tratar de ocultar a millones de mexicanos en situación de pobreza.

Al final, sería bueno que nos explicaran en dónde carajos piensan meter a estos 11 millones de pobres, ¿en dónde?