La columna de Toño Esquinca: sin crisis, sin cambios

Una crisis llega cuando algo ha estado mucho tiempo sin moverse; cuando algo en el fondo ya no le hacía feliz

Aproveche los tiempos de turbulencia, de crisis, de tormenta, porque son grandes promotores de que usted verdaderamente cambie, de que se transforme, de que si dice perseguir un sueño o querer un tipo de vida, lo consiga. Agradezca que llegan estos tiempos de vicisitud y recesión en su diario acontecer, porque es la propia naturaleza que le está haciendo el favor de generar vacíos. Si usted no aprende a dejar atrás etapas, relaciones, lugares, maneras de ser, formas de pensar, de creer y de sentir, y en una palabra: a renovarse, entonces la vida lo hará por usted.

Dese cuenta de cómo es que una crisis llega cuando algo ha estado mucho tiempo sin moverse; cuando algo en el fondo ya no le hacía feliz; cuando a pesar de la “estabilidad” había autoengaño; cuando actuaba sólo por instrumentos, o en mera supervivencia, perdiéndose lo mejor de sus capacidades. Un tiempo de dificultad es de cualquier manera un otorgamiento, porque o está pagando el crédito de aquello que usted le debía a la vida, o está abonando por adelantado aquello que va a recibir. Los tiempos revueltos son un regalo de cualquier forma, porque es por medio de estos tensores que usted es removido de donde ya no es feliz, o de donde las cosas se pueden poner peor. Recuerde siempre que no todo lo que brilla es oro, y que no por ser crisis, el estado de las cosas es negativo.

Terminar etapas, desapegarse, desprenderse, mutar, no son procesos que estén exentos de dolor, al contrario, es por el dolor que somos invitados al movimiento, y a la alquimia de la transformación verdadera: la de nuestra conciencia. Por eso no cometa el grave error de quedarse atrapado en sus crisis: por naturaleza éstas no llegan para quedarse, sólo cumplen su función y desaparecen; sea consciente de que el que decide atraparlas es usted a través de su inacción, de su adicción al sufrimiento, y de sus quejas. Aproveche los escenarios de cambio cuando se presenten, pues como dice una sabia frase: si todo está en calma, es que va usted muy lento. Pero no perpetúe las crisis más de lo necesario, de lo contrario, también puede hacer de ellas un peligroso estilo de vida, y convertirse en la víctima eterna que genera parasitismo. Reflexione en aquellas etapas donde se sintió abatido y sobrecogido por un tiempo desafiante, y vea cómo siempre después de eso salió usted con nuevas habilidades, visiones, conocimientos, valores, prioridades, hábitos, amigos, benefactores, y además, se pudo explicar el por qué la vida lo sacudió tanto.

El Universo está en balance perfecto, y es como una ecuación matemática, así que proporcional al tiempo que permaneció demasiado en un camino carente de corazón, es el tamaño de la crisis que está enfrentando. Abrace los tiempos rugosos como un aliado en su crecimiento y expansión; renuncie a ser la víctima del destino, para ser el dueño de las consecuencias de sus actos. Lejos de perder la esperanza o de desesperarse, afronte las crisis con valentía, arrojo y con la frente en alto de un creador que atraviesa por su propia obra.  

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