La columna de Vicente Amador: corrupción en los trámites. Claro que enchila

La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental indica que los mexicanos continuamos acudiendo principalmente a las instalaciones del gobierno para efectuar pagos

Un alto porcentaje de mexicanos podemos narrar experiencias de corrupción al intentar realizar algún trámite con los servicios públicos: me refiero a situaciones en las que funcionarios del estado exigen un beneficio monetario —que les den una lana, pues— a cambio de hacer lo que deberían no solo hacer sino hacer bien.

Obvio, no realizamos trámites con el gobierno como experiencia recreativa o vacacional. No es por gusto. Si además llegas a una oficina donde las condiciones del lugar son deprimentes por suciedad, largas colas y malas caras de los servidores públicos, pues peor. Además, la mayoría de las veces son procesos que deben pagarse, adicional a lo que ya se contribuyó con los impuestos ordinarios. Menos alegría. Y si para rematar hay quién te pide dinero para “aceitar la maquinaria”… es entendible que, como decimos los mexicanos, nos enchilemos. 

Es más, tantas veces sucede que hay problemas al efectuar estos trámites, que ya desde el inicio acudes molesto imaginando la pérdida de tiempo que será.

Gracias a la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental sabemos que los mexicanos continuamos acudiendo principalmente a las instalaciones del gobierno para efectuar pagos, hacer solicitudes o trámites en general. Es así en el 62% de los casos. En poco más del 16% se hizo en un cajero automático o kiosco inteligente; casi el 16% en banco, supermercado, tienda o farmacia; el 3.3% por línea telefónica y apenas el 1.7% por internet. En más de la mitad de los trámites, en casi el 53%, los usuarios declaran toparse con problemas. 

¿Cuáles son estos problemas? 1. Barreras en el trámite: largas filas, te pasan de una ventanilla a otra, tienes que ir a un lugar muy lejano o los requisitos son excesivos o demasiado quisquillosos. Esos momentos en los que después de horas de estar parados, haciendo fila, te piden el acta de defunción de la abuela firmada por el Obispo de Roma. ¿Se entiende, no? Casi el 90% de las veces, este es el tipo de inconveniente con el que nos topamos. 

2. Asimetrías de la información: por ejemplo, en la página de internet decía que debía llevar tales documentos, pero luego en un impreso dentro de las oficinas dice otra cosa y al llegar con el dueño del sello, te pide otra cosa. Según los encuestados, es el segundo problema con el que más se topan.

3. Otros problemas son los que suceden con las Tecnologías de la información y comunicación: por ejemplo, no funcionó la página, hubo problemas en la atención telefónica porque se cortó o no contestaron o, como sucede tantas veces, “se cayó el sistema, joven”. 

El panorama es claro. El corrupto se aprovecha de la ineficacia del proceso, de las barreras, de los momentos en los que se detiene el trámite, para pedir dinero a cambio de continuarlo. Y como la mayoría de los trámites se siguen haciendo en oficinas donde está él, las posibilidades de “negocio” son amplias. Al corrupto no le conviene la eficacia ni los trámites por medios tecnológicos donde él no interviene. Ahí está una clave para la solución. 

Hay quien ha dicho que la corrupción en nuestro país es crónica, cultural. A diferencia de esta opinión, y retomando una idea que recientemente escuché a Claudio X. González, Presidente de Mexicanos Primero, nuestro país no está condena a ser corrupto, con la adecuada educación a las personas, y aplicando los métodos e incentivos correctos, podríamos contar otra historia. ¿No le parece?

 

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