La columna de Yazmín Alessandrini: ¿amor o control?

Cuando estamos en un relación creemos que la persona que está siendo depositaria de nuestro amor es de nuestra propiedad

Se dice que “el amor es una cosa esplendorosa” y, si consideramos este aforismo desde una perspectiva cursi, romántica e idealista, lo más seguro es que así sea. Sin embargo, al momento de analizar a fondo tal aseveración, específicamente cuando nos referimos al enamoramiento que se da entre un hombre y una mujer, la verdad es que la situación se torna sumamente compleja, sobre todo porque los seres humanos no somos tan asertivos en nuestra cotidianeidad cuando este sentimiento nos obnubila por completo la razón y terminamos haciendo muchas tonterías empujados por los celos, la inseguridad, los complejos y nuestras experiencias previas.

Y es que, lamentablemente, vivimos en una sociedad en la que hombres y mujeres por igual tendemos a confundirnos con respecto al hecho de que cuando estamos enamorados y somos correspondidos nos creemos esa patraña de que la persona que está siendo depositaria de nuestro amor es de nuestra propiedad y comenzamos a actuar en consecuencia, ejerciendo esa territorialidad que es tan común en varias especies animales (los felinos, por ejemplo) dominando y sofocando a nuestra pareja hasta que destruimos por completo un vínculo que supuestamente debía ser positivo para nosotros y para él/ella.

Esto sucede porque al final del día este sentimiento, que muchos consideran el más grande e importante que podemos generar, está prominentemente influenciado por mecanismos de desigualdad y la falta de respeto hacia la libertad de la otra persona, lo que deriva en una especie de “necesidad” por querer controlarl@.

Por principio de cuentas, lo primero que debemos hacer es intentar mirar toda la fotografía no de nuestra relación, sino de nosotros mismos, lo que somos, lo que queremos y lo que necesitamos o creemos necesitar. Porque esa persona con la que compartimos sentimientos, con la que hay muchísima afinidad y cuya presencia nos proporciona un gran bienestar, además de tener una vida con nosotros también posee una vida propia, cuya circunstancia detona que tenga un trabajo y actividades que no puede realizar contigo; también tiene una familia y amigos que demandan su presencia y atención del mismo modo que tu demandas su presencia y atención, lo que significa que tu pareja deba administrar su tiempo, por decirlo de algún modo, para que el afecto que le merecen todas las personas que conviven, coexisten y cohabitan (tú incluid@) no se vea perjudicado. Su tiempo no te pertenece, ni siquiera el que pasa junto a ti, entiéndelo.

Del mismo modo, el control sobre las personas que amamos también se manifiesta en un afán enfermizo por querer que éstas cambien las aristas de su personalidad que no nos son tan agradables o afines. Y así, todo el tiempo los controladores se la pasan presionando a sus parejas para que no hablen o no se vistan de cierta forma, que se deshagan de algunas amistades porque “no les convienen” (la verdad es porque no les gustan) y que sus pasatiempos, principalmente los que no comparten con ellos, “no les dejan nada bueno”, por ejemplo.

Igualmente nos podemos sentar por horas a intercambiar distintas experiencias sobre el control que se ejerce a través de los teléfonos celulares, para que la pareja se esté reportando a toda hora, explicando todo el tiempo qué hace, con quién lo hace, dónde está … y eso que todavía no menciono el control psicológico (incluido el sexual), el cual es terrible y merece ser tema de otra entrega, de tan complejo y extenso que es.

Y, por cierto, ¿tú de qué manera controlas a tu pareja?

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