La columna de Toño Esquinca: artistas y hartistas

Esta semana, despedimos a uno grande: un verdadero hacedor de Arte, gracias Maestro Juan Gabriel

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Desde los inicios de mi programa he manifestado ser un gran admirador del artista que en México acabamos de perder, digno de remembrarse y homenajearse. Nuestro México necesita más gente que sienta, vibre, piense, actúe y cree con amor. Es importante decir que si no fuera funcionario de un canal público, sinceramente ni fu ni fa, pero al serlo, es obligado manifestar que llama la atención el miedo que le da a este director de un canal cultural abierto -en toda la extensión de la palabra- ser naco, ser inculto, ser torpe, y quién sabe cuántas cosas más, a las que evidentemente les tiene pánico. ¡Qué miedo a ser real! ¿Nadie le ha dicho que en todo caso la coronación de ser naco es decir que alguien es naco? Qué concepto tan complejo y tan bonito este de ser naco, y qué manera de dejarlo pequeño. Infancia es destino, y probablemente en la búsqueda de su mejoramiento, este muchacho Nicolás Alvarado sigue negando una parte fundamental de su niñez en donde -con toda seguridad- estuvieron presentes Juan Gabriel y demás elementos de nuestra identidad colectiva.

Es inquietante entonces que alguien con tan poca capacidad de inclusión armónica de las diferencias dirija un canal cultural (palabra que por naturaleza etimológica significa cultivo) que como pasa en los cultivos de la tierra: sin diversidad no hay riqueza. Quiere decir entonces que seguirá encerrando a la “cultura” en el sectarismo aburrido e incompleto de siempre, espantando a las nuevas generaciones con personajes que no acogen a la Cultura (con mayúscula) con los brazos abiertos y sencillez por lo que es, sino huyendo desesperadamente de lo que no quieren ser; negando a los demás, desvirtuando el hermoso potencial intelectual al traducirlo mal como un desfile de piruetas lingüísticas, de imagen, de pose, de simulacros de elegancia sacados de un mundo enrarecido por la falta que le hace el oxígeno de la integración y el derecho a ser de todo lo que existe, o sea, un miedo inmenso a ser lo que se es principalmente por sus origenes (tal vez sea de los que no invitan a la tía que desentona porque le da pena que la vean en sus sociales).

La cultura empotrada como una perenne fiesta de disfraces dentro del espacio seguro: sin autenticidad; el mismo circulito dándose sobadas en la espalda y también puñaladas (porque qué miedo pertenecer al círculo de Nicolás, que a la primera falla debe acribillar a sus amigos por faltos de gusto y capacidad “intelectual”). Entonces, siguiendo la misma línea, este muchacho debe pensar que Octavio Paz fue un naco al prologar la “Picardía Mexicana” de A. Jiménez, pero no lo dice ni lo dirá: ¡no es zona segura¡ De nuevo: mucha falta de amor por lo que somos, que es justo lo que menos necesitamos: gente que no ame, que en su lugar divida, separe, condene y destruya lo bueno; y que, insisto, ahuyente a las nuevas generaciones del verdadero arte, que vibra no por sus estereotipos ni rimbombancia sino por su grado de verdad y de autenticidad, ese arte que viene justo de los que menos quieren lograr ese efecto, de los que son REALES.

El arte no pretende nada, sólo es real, viene de lo real. Y todos somos artistas. Creo que el Sr. Alvarado no tiene –ni cerca- la madurez de dirigir un canal cultural público; tal vez sus palabras encierran ocultamente la frustración por la sencillez con la que Juan Gabriel entró directo al corazón de millones. Está en una ola vieja, muy anacrónica y hasta peligrosa, porque de esta manera se sigue promoviendo que el arte y la cutura parezcan elitistas, aburridos, incomprendibles e inaccesibles, negando lo que nos hace ser: eso es ser un hartista; pero esta semana, despedimos a uno grande: un verdadero hacedor de Arte, gracias Maestro Juan Gabriel.

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