La columna de David Olivo: la podredumbre tras el poder

La casta del tricolor es ancestral y por eso pareciera que el nuevo PRI es el mismo: el de la corrupción y, ese rostro, no tiene remedio

Por DAVID OLIVO ARRIETA

Aunque debería ser homogénea, la clase política en México tiene niveles. Y los más bajos siempre tienen cabida (o salen) del PRI.

Los casos de los exgobernadores Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte o Egidio Torre no son exclusivos ni los últimos. La casta del tricolor es ancestral y por eso pareciera que el nuevo PRI es el mismo: el de la corrupción y, ese rostro, no tiene remedio, por mucho que inviertan en maquillaje.

Ejemplos de exgobernantes priistas corruptos, buscados, prófugos y encarcelados son bastos: los acusados de corrupción son Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte, Fausto Vallejo, Rodrigo Medina y Andrés Granier.

Y por estar coludos con el narcotráfico destacan los ex gobernadores de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores, los cuales son buscados por autoridades estadunidenses por presuntamente trabajar con los cárteles de la droga. Manuel Cavazos Lerma también fue investigado por supuestas ligas con el Cártel del Golfo.

Un caso emblemático de la relación y asociación entre gobernadores del PRI y el crimen organizado es el de Mario Villanueva Madrid, “El Chueco”, quien gobernó Quintana Roo de 1993 a 1999. En abril de 1999 se fugó dos días antes de entregar la gubernatura a Joaquín Hendrciks Díaz. Años después fue aprehendido, encarcelado en el penal del Altiplano y después, en mayo de 2010, fue extraditado a Estados Unidos, donde una corte de Nueva York lo acusó de lavar millones de dólares para el Cártel de Juárez. El 28 de junio de 2013 fue sentenciado a purgar 11 años de prisión, tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía.

Javier Duarte enfrenta acusaciones por haber desviado recursos y por enriquecimiento ilícito.

Roberto Borge es acusado de dirigir una red de servidores públicos y notarios que “arrebataban” sus patrimonios a empresas y particulares.

César Duarte está bajo investigación por haber endeudado a Chihuahua, además de enfrentar cargos por peculado, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, uso indebido de funciones y facultades y ejercicio abusivo de funciones.

Fausto Vallejo tiene un hijo, Rodrigo Vallejo, conocido como “El Gerber”. Este joven fue detenido por haberse reunido con el narcotraficante Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, líder de la organización criminal Los Caballeros Templarios, una escisión de La Familia Michoacana.

Vallejo le dejó la gubernatura a Jesús Reyna, quien después también fue capturado debido a sus nexos con el crimen organizado.

Rodrigo Medina presuntamente desvió 3 mil 683 millones de pesos durante su administración. También es acusado de corrupción, peculado y daño patrimonial a Nuevo León.

Andrés Granier fue capturado meses después de que dejara su cargo en el gobierno de Tabasco, pues enfrenta un proceso por desvío de recursos públicos, peculado, lavado de dinero, defraudación fiscal y ejercicio indebido del servicio público. Actualmente se encuentra internado en la Torre Médica del Penal de Tepepan.

Así han sido los gobernadores del PRI en las últimas dos décadas. Los presidentes de la República emanados del tricolor requieren un tratamiento especial, pues también han sido casos ejemplares de corrupción y cinismo.

Javier Duarte es el último de los escándalos, vendrán seguramente los de Roberto Borge y César Duarte. Pero no son los únicos ni los más escandalosos. El PRI sabe gobernar, pero a costa de enriquecerse para fines personales, para fines ilícitos y de eso nadie, ni ellos, lo pueden ocultar ni olvidar. Así es el viejo PRI, así es el nuevo PRI. Así son ellos.

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