Solos podemos

Hubo un momento en el que perdimos el sentido de la comunidad y dejamos de pensar “como-unidad”

Usted, yo y todos, somos curadores de nuestro entorno. Solos nos propulsamos o solos nos hundimos el barco. No crea que necesitamos mucha ayuda del exterior: nosotros decidimos.

Y sólo basta ver lo que sucede en el nivel básico para ver lo que nos ocurre como sociedad. ¿Le ha pasado que cuando da un paso en su carrera, en su vida personal o sencillamente tiene un brillo natural, alguien en algún lugar se siente agredido y prefiere hacerle a usted el camino pesado, que ocuparse en mejorar sus asuntos?

O tal vez le pase lo contrario, y sea usted quien se enardece al ver que alguien más consiguió lo que usted cree que no ha podido lograr. Reza el refranero que a la miseria no le gusta andar sola, y eso desafortunadamente es muy común en nuestra cultura.

Hubo un momento en el que perdimos el sentido de la comunidad y dejamos de pensar “como-unidad” para desbaratar que los demás destaquen, y en lugar de alcanzarlos para resplandecer juntos, preferimos romperles las alas para sufrir al unísono.

Lo que no sabemos es que esto va en total detrimento de nuestros propios logros, puesto que sí –nos demos cuenta o no- somos uno solo. Así que amplificado a todo un país, ser conscientes de esto nos deja ver cómo sucede que unos a otros, entre unos y otros, solitos nos encargamos de “darnos en la torre”.

Solos estamos programados para no dejarnos crecer, no dejarnos sobresalir y sabotearnos la vida. Las actitudes que provienen de la propia frustración, de la ambición sin sentido, de lo corrompido a todos niveles, de sucumbir a lo fácil, a lo flojo, a lo infantilmente egocéntrico, a lo que terminará en perjuicio del todo, son la garantía de un ser colectivo destinado a avanzar lo más lento que se pueda, y lo más inquietante de todo: asegurando esto por sus propios medios.

Pensar en que necesitamos salvadores, es lo mismo que sostiene a los verdugos, es decir, que seguimos poniendo aquél poder que nos corresponde (el que también estamos obligados a ejercer como ciudadanos responsables), en una figura fantasiosa “allá afuera” que nos vendrá a resolver todos los asuntos.

Qué peligroso resultaría lograr lo que queremos sin estar listos para recibirlo. Mientras no nos interese el dolor ajeno; mientras queramos que los demás se resbalen hasta nuestro suelo para no aparecer como los “perdedores”; mientras prefiramos convertirnos en delincuentes (a toda escala), y en células enfermas, y mientras elijamos no cuidar unos de otros, seguiremos viviendo la fantasía del burro que persigue la zanahoria, y que en el camino está completamente adormecido, hipnotizado, parasitario y haciendo el hoyo de su propia tumba.

Aprendimos muy bien a boicotearnos el camino personal y colectivo, pero así de bien podemos y debemos aprender a alentar lo bueno, a procurar al prójimo, a cultivar y cosechar los sueños propios y ajenos.

El día en que seamos completamente conscientes de cuánto poder radica en el comportamiento de cada día nuestra historia comenzará a cambiar de verdad, y con una fuerza imparable. Lo demás se dará por añadidura.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo