20 señales de que estás teniendo éxito en la vida (aunque no parezca)

#LordTaxista se estaciona en ciclovía y agrede a funcionario

Estamos siempre tan ocupados tratando de evitar las balas que nos envía la vida, que se nos olvida parar y apreciar nuestras pequeñas victorias, esto es: darnos cuenta, valorar y sobre todo agradecer por lo bueno que tenemos, somos, hacemos y damos.

Por supuesto que es más fácil, y hasta natural nos sale, quejarnos y quejarnos. Parece que la vida siempre nos regala excelentes razones para ello, que si hace calor, mal, que si hace frío, mal, que si hay tráfico, mal; hasta cuando por suerte llegamos antes al trabajo, estamos disgusto de ello porque ¿ahora qué voy a hacer más tiempo en la oficina?

Hay que evitar caer en el camino del auto sabotaje y la duda. No debemos enfocarnos únicamente en lo malo o en aquello que no tenemos, nos falta o nos duele. Hay que darnos cuenta de lo que sí estamos haciendo bien, de las personas que suman a nuestra vida, de todos aquellos triunfos que vamos teniendo.

Considera por un momento que estás haciendo un gran trabajo en tu vida. Vivirla no es fácil, pero puede ser disfrutable una vez que comenzamos a ver las cosas buenas en lugar de enfocarnos en las malas.

Querido lector, hoy te invito a que en la siguiente lista marques aquellas que forman parte de tu día a día, y así descubras qué tantas señales de que estás teniendo éxito en tu vida practicas y cuáles de ellas te quedan pendientes por desarrollar.

El drama no tiene cabida en tu vida.
Esto es, tu actitud es positiva y ves dentro de lo malo, lo bueno. Eliges conscientemente pensamientos más positivos y te ha dejado de importar lo que los otros piensen de ti.

Entiendes que la abundancia no es solamente económica.
Generas abundancia porque eres una persona agradecida, cuentas tus bendiciones a diario y esto se traduce en un círculo virtuoso.

Pides apoyo y ayuda cuando lo necesitas.
No te da miedo hacerlo, entiendes que cuando lo requieres vas a buscarlo y no te sientes vulnerable por ello, al contrario, te hace más fuerte.

Saliste de tu zona de confort.
Cada día te exiges más y más, sabes que saliendo de tu zona de confort es como lograrás triunfar, subiste tus estándares.

Sueltas las cosas que no te hacen sentir bien.
Sueltas lo que te pesa, porque reconoces que estos son lastres que no te dejarán avanzar.

Te gusta lo que ves en el espejo todos los días.
Te valoras y te reconoces como alguien valioso, que merece lo mejor y que lucha por conseguirlo.

Has aprendido que el fracaso y los obstáculos son parte de tu crecimiento.
No se puede entender al éxito sin haber fracasado, mucho o poco antes. Estos son los principales maestros y la llave para el verdadero éxito.

Escuchas y dices “te quiero” a tus amigos, familia o pareja.
Tienes un sistema de apoyo que incluye a personas que harían cualquier cosa por ti, al igual que tú por ellas, no te da vergüenza expresar tus sentimientos.

Has aceptado lo que no puedes cambiar.
Además de ello has cambiado lo que no puedes aceptar. Este es un principio básico de crecimiento, de madurez y de inteligencia.

No te quejas demasiado, sino que te enfocas en encontrar soluciones.
Ves siempre el vaso medio lleno y nunca medio vacío. Lo quejumbroso no es lo tuyo, buscas resolver en lugar de generar más problemas.

No culpas a tus padres ni a nadie de lo que te pasa.
Los aceptas por quienes son y por lo que hicieron contigo. Simplemente no culpas a nadie de lo que a ti te sucede, tú y nadie más que tú eres el constructor de tu destino, te haya pasado lo que te haya pasado.

Puedes celebrar el éxito de otros.
Tienes la madurez de aceptar y de sentirte bien por lo bueno que le sucede a los demás. Eres empático y cero envidioso. Cuestión de karma, al alegrarte por las cosas buenas que les suceden a los demás hace que te sucedan a ti también.

Te permites sentir tus emociones.
Tienes pasiones que perseguir, te apasionas por lo que haces. Eres asertivo, comunicas con claridad lo que piensas y sientes. Fluyes, te sientes cómodo compartiendo lo que sientes.

Aceptas y agradeces los cumplidos.
Te reconoces lo suficiente y tienes una autoestima alta que te permite simplemente agradecerlos y continuar. Tampoco se te suben los humos a la cabeza, eres objetivo.

Tienes las cosas que deseas.
La felicidad no la dan las cosas materiales, pero sí trabajar, luchar por ellas y alcanzarlas da una sensación de logro y triunfo que no tienen precio.

 Vas cumpliendo tus metas.
Aquí no hablo de cosas materiales sino de los propósitos, objetivos, logros, metas y sueños que vas cumpliendo a veces rápidamente, a veces lentamente después de un trabajo metódico y disciplinado.

Eres empático.
Te pones en el lugar y en los “zapatos del otro”. Crees firmemente en el “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran” generando redes de cosas buenas en tu vida.

Amas tu trabajo.
Aunque entiendes que no vives para trabajar, amas lo que haces, le pones pasión y los resultados se dan. Es más, eres de los afortunados que no trabajan, sino que hacen lo que tanto les gusta.

Sonríes sin darte cuenta.
Cada día desde que amanece hasta que terminas el día, algunos momentos te sacan sonrisas puras y llenas de sinceridad, tienes la capacidad de asombrarte por grandes y pequeñas cosas de la vida que van llenando tu alma.

Amas profundamente, das y recibes.
Te generan un estado de bienestar tal que eres receptivo y actúas en consecuencia. Tu estado emocional es casi siempre positivo y generas una cadena de actitudes y acciones que te llevan al círculo mágico de la abundancia.

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