Un año para el olvido

Para la ciudadanía que está aprendiendo a castigar a los malos gobiernos y para ellos, los malos gobiernos, que sufrieron en las urnas

Por David Olivo

Por fin termina el año y todos pensaríamos que el más feliz sería el gobierno federal por el desastre que deja, pero no, remata con un nuevo incremento en las gasolinas que tiene al país incendiado y que el costo será muy doloroso para sus proyecciones políticas…. aunque en lo inmediato el costo será altísimo para todos nosotros, para todos los mexicanos.

Este 2016, sin duda, es un año de aprendizaje para todos. Para la ciudadanía que está aprendiendo a castigar a los malos gobiernos y para ellos, los malos gobiernos, que sufrieron en las urnas, pero que pareciera que no entienden que sus decisiones tiene repercusiones.

Pero vayamos por partes. Comencemos por un repaso de este año que será para el olvido, pero no par todos:

Enero: el año comenzó con el asesinato de la alcaldesa de Temixco, que bien podría ser un asunto del fuero común, pero el autor fue el crimen organizado izado que opera en Morelos. Ese mismo mes detuvieron en España al ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, acusado de lavado de dinero.

En abril sacaron a la luz los Panamá Pepers, donde varios buenos políticos priistas y amigos empresarios destacan.

En agosto, el presidente Enrique Peña Nieto recibe al candidato republicano Donald Trump, lo que provoca el enojo con el gobierno de Barack Obama y con el equipo de la demócrata Hillary Clinton. El gran orquestador fue Luis Videgaray, el entonces secretario de Hacienda que un mes después tuvo que dejar el cargo.

En noviembre gana Donald Trump y Peña es el más feliz, aunque las relaciones entre México y Estados Unidos estén más tensas que nunca.

Y ese mes renuncia Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México y único valor que le quedaba del sexenio pasado.

Así termina el sexenio, así de mal.

Y si para todos fue un año desastroso, el gobierno y su reforma energética nos dan una nueva sorpresa, un gasolinazo de más de 20%, que para efectos prácticos es una sangría de entre 100 y 200 pesos para el automovilista que quiera llenar su tanque de gasolina.

La decisión resulta un balazo de gracia para el gobierno federal y para el PRI en sus aspiraciones políticas, pues el próximo año es un año crucial en materia electoral. El gobierno podrá justificar el aumento, pero el hecho es que a las familias es un costo que no olvidarán.

Ya la próxima semana habrá respuesta de la gente, con protestas en todo el país y hasta llamados a boicotear la compra de gasolina. La gente está enojada y no olvidará esta nueva ofensa a su economía.

¿Y nuestro presidente Enrique Peña Nieto qué hace? Jugar…. si, jugar Golf. Ayer se le vio jugando con sus amigos políticos de Sinaloa. Jugando. Así resuelve nuestro Presidente una polarización social, como todo en su gobierno.

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