Los acuerdos sin impacto real

La experiencia de vida nos dice que estos acuerdos, más que resolver crisis financieras o frenar la volatilidad del peso, sirven para calmar la crispación social

Los acuerdos sin impacto real

Desde hace 30 años, los gobiernos priistas de Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Carlos Salinas de Gortari y el actual mandatario Enrique Peña Nieto nos han demostrado que cuando el país está en crisis y a punto del colapso no hay mejor remedio que… un acuerdo o un pacto, que a la postre no sirve para nada o casi nada.

La experiencia de vida nos dice que estos acuerdos, más que resolver crisis financieras o frenar la volatilidad del peso, sirven para calmar la crispación social, tras una serie de erróneas políticas de gobierno.

Así, cada uno de estos cuatro ex presidentes han firmado, por lo menos, un acuerdo para tratar de apagar el incendio que provocaron. Lo preocupante es que es sistemático. No aprenden de los errores de sus antecesores.

Así, más que soluciones, estos presidentes priistas encontraron en sus pactos o acuerdos económicos recursos de conciliación.

Y aunque estos recursos intentan evitar el desbordamiento de conflictos sociales, la sociedad mexicana se cansó.

Porque si hay algo que los distingue, unos de otros, es solamente en el nombre -Pacto de Solidaridad Económica (1987), Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (1989), Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (1995) y Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar (2017)-, pero todos se parecen por ambiguos y poco efectivos.

Y a diferencia de los anteriores pactos económicos, el acuerdo de Peña Nieto se firmó -sin el consenso de la clase empresarial- por la urgencia de enfrentar el alzamiento nacional por el incremento del precio de las gasolinas.

Ninguno de los pactos anteriores había tenido como trasfondo el alza de las gasolinas, ninguno.

Miguel de la Madrid buscó combatir la inflación, corregir las finanzas públicas y contener el alza de precios. Carlos Salinas intentó bajar la inflación, deslizar el peso frente al dólar e incrementar los salarios entre 6% y 8% y hasta renegociar la deuda externa.
Ernesto Zedillo trató de crear fuentes de empleo, reducir el gasto corriente del gobierno federal e intensificar el combate a las prácticas desleales de comercio.

Finalmente, Enrique Peña Nieto presenta su acuerdo cómo la fórmula para proteger la economía familiar y fomentar la cultura de la legalidad. En realidad es para apaciguar a un pueblo cansado, levantado en su contra, promoviendo su destitución y celebrando cada derrota social, cada derrota en las calles, cada derrota en las urnas.

Porque si algo “bueno” dejó esta reyerta es que el pueblo le reenvió el mensaje a Peña y a su gobierno de que ya no los quiere, de que ya no espera nada de ellos, de que les da pena tener un mandatario tan chiquito, tan pequeño. De qué están a la espera de acudir a las urnas para expresarles todo su malestar y toda su inconformidad. Nos vemos el 4 de junio del 2017.