¿La toma de protesta de Trump será punto de quiebre para México?

Un hombre de negocios multimillonario sin experiencia política previa, que dice lo que piensa sin el mayor pudor, que utiliza Twitter como principal medio de comunicación será presidente de EU

¿La toma de protesta de Trump será punto de quiebre para México?

Marcela Guerra 

Donald Trump se convertirá el próximo 20 de enero en el presidente número 45 de Estados Unidos.

Un hombre de negocios multimillonario sin experiencia política previa, que dice lo que piensa sin el mayor pudor, que utiliza Twitter como principal medio de comunicación, que no es partidario de la transparencia y que se encuentra alejado de la tolerancia que ha caracterizado históricamente a la sociedad estadunidense, será el presidente del país más importante del mundo.

A Trump lo acompañará un gabinete compuesto de funcionarios cuyo perfil revela posiciones empresariales que se abocarán a generar empleos en su país y a intentar cumplir las promesas que se hicieron durante la campaña electoral, sin importar alterar compromisos internacionales anteriormente establecidos.

Esta es la variable que México y el mundo entero tienen enfrente. Por proximidad y por la interdependencia que se ha generado entre las economías de nuestro país y

Estados Unidos, deberemos adaptarnos con rapidez a nuestros nuevos interlocutores para evitar que exista un quiebre en la relación bilateral.

El presidente Peña Nieto ha replanteado su estrategia anunciando dos relevos en puestos clave. En primer lugar, la designación de Carlos Sada como subsecretario para

América del Norte en la Secretaría de Relaciones Exteriores, significa un reconocimiento a la visión y experiencia de un funcionario que conoce a nuestro vecino desde diversos ángulos que incluyen la protección de los mexicanos en el exterior, el acercamiento con el Poder Legislativo y la identificación de los líderes y actores centrales en la política y economía estadounidenses.

Se ha anunciado también la nominación de Gerónimo Gutiérrez Fernández como embajador de nuestro país en Estados Unidos. En él se condensa un perfil completo en la vertiente consular, en la vertiente de negociación, en el conocimiento profundo de la operación del Congreso de Estados Unidos y de trascendental importancia, en la convivencia de las comunidades transfronterizas; pensamos que el beneplácito será un trámite sin complicaciones.

Con estos elementos, México envía varios mensajes simultáneos: negociaremos sin miedo y con firmeza. Tenemos objetivos claros de mantener el principio de libre comercio, de que no aceptaremos construcción del muro fronterizo y mucho menos, pagar por él.

Las negociaciones estarán por comenzar. Confiamos en la creatividad y talento de nuestros funcionarios.
Donald Trump y su equipo también tendrán que aprender velozmente que no se puede gobernar amenazando, ni que es posible imponer medidas unilaterales sin poner en riesgo la seguridad de su propio país.

Mariana Gómez del Campo

La relación entre México y Estados Unidos es muy importante para ambos países pues comparten una frontera de más de 3 mil kilómetros, diariamente un millón de personas y más de 430 mil vehículos transitan de forma lícita a través de los casi 60 puntos fronterizos. De enero a octubre de 2016, el comercio bilateral superó los 395 mil millones de dólares. Actualmente, Estados Unidos es el primer socio comercial de México concentrando el 64% de su comercio total y el 80% de sus exportaciones. Por su parte, México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de China y Canadá. Es importante señalar que 6 millones de empleos en el vecino del norte dependen del comercio con México.

Los resultados electorales del pasado 8 de noviembre desestabilizaron los mercados bursátiles a nivel global y el peso mexicano sufrió una de las mayores caídas de su historia al perder más del 15% de su valor, superando los 22 pesos por dólar.

El panorama es incierto y la respuesta del gobierno federal ha sido lamentable: un Presidente y una Canciller que no terminaban de entender lo que sucedía y que no propusieron acciones contundentes, sino que auguran un optimismo simplista alejado de la percepción ciudadana.

Las semanas siguientes no fueron diferentes: declaraciones fuera de tiempo, posiciones tibias, perfiles bajos y grises, es decir, una respuesta improvisada e ineficiente. Por si fuera poco, el Presidente nombra a uno de sus incondicionales, y muy cercano a Trump, como encargado de las relaciones exteriores de nuestro país.

El viernes pasado, la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció un nuevo cambio en la Embajada mexicana en los Estados Unidos con la llegada de Gerónimo Gutiérrez Fernández, quien cuenta con una interesante trayectoria en el gobierno federal en las cuatro últimas administraciones, en los rubros de comercio, finanzas, relaciones exteriores, gobernación y seguridad nacional.

Lo sorprendente es que el Presidente no acaba de definir la estrategia a seguir en la llamada “Era Trump”, pues ya hemos visto desfilar en dos años a tres embajadores: Eduardo Medina Mora (hasta el 10 de marzo de 2015), Miguel Basáñez Ebergenyi (del 17 de septiembre de 2015 al 5 de abril de 2016) y a Carlos Sada Solana (del 27 de junio de 2016 al 13 de enero); es decir, los últimos dos embajadores apenas pudieron permanecer en el cargo poco más de 6 meses. Llama la atención que el discurso desde la Cancillería siga siendo el mismo: “Estamos ajustando la estrategia con la realidad actual en los Estados Unidos”.

Nuestro país llega a un momento crucial para la definición de sus relaciones con el exterior frente al eventual surgimiento de populismos que arriban al poder, por lo que es de suma importancia que las posiciones de México y nuestras acciones deben estar basadas en análisis profundos de los impactos de cualquier tipo de negociación de acuerdos internacionales.

Hoy más que nunca requerimos un Gobierno proactivo que escuche a los expertos y que aproveche toda la capacidad de nuestros servidores públicos, pero para ello requerimos un gobierno con visión y carácter para imponer condiciones ante un entorno que nos desafía y amenaza. La relación bilateral con Estados Unidos debe dar un paso adelante en su madurez, mientras que antes se pensaba que estaba basada en la personalidad y cercanía entre presidentes (Como se pensaba con Fox y Bush) ahora hay que concebirla como una relación de realidades económicas y sociales donde México deje en claro su poder en la mesa de negociación y su influencia efectiva dado los beneficios que aporta en uno y otro lado de la frontera. Este gobierno debe abandonar la improvisación para dar paso a la negociación con astucia.