Los cangrejos de la cubeta

Existe un chiste en el que cangrejos mexicanos en una cubeta se jalan unos a otros de regreso cuando intentan salir

Por Toño Esquinca

Quien quiera que haya inventado el chiste de la diferencia entre cangrejos de otra nacionalidad y cangrejos mexicanos en una cubeta, donde los primeros se ayudan a salir y los segundos jalan a los otros de regreso, no lo pudo describir mejor; y aunque cause hilaridad, es una tremenda pena porque es un mal del que hemos sido víctimas y victimarios.

Es una pena que a nivel generalizado –salvo honrosas excepciones– en cualquier nivel y en el contexto que sea, no lleguemos aún a la comprensión de que cuando otros tienen éxito, brillan y prosperan de una manera honesta y benigna, a todos nos va mejor. No es ni siquiera un trabajo moral, es que en realidad todos somos células de un mismo cuerpo, y si a usted le ofusca, molesta, saca ronchas y le mueve lo más oscuro que los demás den un salto hacia arriba, entonces algo anda mal en usted.

Es como si los brazos se molestaran porque el intestino hizo bien su trabajo. En realidad es tan absurdo como suena. Obrar pensando que usted se verá mejor si al de a un lado le va peor, y que mientras usted esté bien, lo que le pase al resto no es su problema, es la ilusión del que cree que alejarse del hoyo del barco lo mantendrá a salvo. Aunque no lo crea, alabar en otros lo que le gustaría tener a usted hará que esto crezca en su vida, y al criticar destructivamente lo que no le gusta lo sembrará en sí mismo.

Al meterle el pie o perjudicar de cualquier manera a los demás, por alejados que parezcan estar de su vida, usted está cooperando a enfermar el tejido social que formamos todos; y no lo dude ni un instante: este mal llegará a su puerta tarde o temprano.

Probablemente esto sea en muy buena parte la razón de los problemas en los que nos hemos metido desde la más elemental de las conciencias. Si ve a una pareja ser genuinamente feliz, déjela serlo, porque ellos están nutriendo la esperanza renovada en la vida humana de la que también le llegará luz a usted; si sus compañeros de trabajo destacan y son buenos en lo que hacen, agradezca que –al estar en una misma embarcación– ellos reman con más fuerza y harán llegar a todos a su destino; honre las vidas ajenas, porque como usted no sabe cuándo será su último día en esta película llamada vida, le invadirá un gran arrepentimiento haberlo dedicado al perjuicio; participe de buenas iniciativas, celébrelas, adhiérase no importando el lugar que le toque, seguro saldrá ganando algo bueno.

Nadie que ocupa su tiempo en crear y hacer de su vida una realización está pensando en opacarlo a usted, se lo aseguro: es usted mismo el que recrea su herida, así que mejor intente verse a sí mismo y hablarse con la verdad para comprender por qué en lugar de labrar su propia historia de sueños cumplidos prefiere encargarse de ser la pesadilla de los demás. No sólo envidiar, sino querer lo que no es suyo y tomarlo a la fuerza, es como quitar el techo de la casa para hacer el piso. A pequeña o gran escala el efecto es el mismo: no prosperar porque el mal está sembrado al interior. ¿Y si en lugar de ser nuestros mejores enemigos, elegimos ser nuestros más grandes aliados? Tan sólo por lo obsoleto de seguir pensando egocéntricamente y por el gran aburrimiento de seguir haciendo lo mismo cada vez, debemos optar por nuevas formas para vivir, convivir y construir un país.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo