Un trabajo decente

Por Vicente Amador

Para un amplio número de personas, uno de los elementos que más influyen en la vida y su bienestar, son las actividades profesionales, el trabajo diario.

Es así porque pasamos una buena cantidad de horas trabajando; porque de ahí vienen los ingresos que nos permiten mantenernos y desarrollarnos nosotros y nuestras familias. También, porque los esfuerzos invertidos en el trabajo diario son una forma privilegiada para avanzar en el camino de los sueños y los ideales.

Me parece que quien haya probado las mieles de un trabajo justamente remunerado, realizado en un ambiente de cordialidad, donde se permita crecer como personas y como profesionales, sabe cuán satisfactorio es el quehacer laboral. O, por otro lado, qué difícil aguantar los espacios donde encontramos lo contrario: desde no tener trabajo, a estar en uno con remuneraciones injustas, groserías, malos ambientes, espacios infértiles para el desarrollo.

El primer aspecto del trabajo es que haya opciones, alternativas, que el país cuente con una oferta suficiente. Con datos al tercer trimestre del 2016, sabemos que en México hay 2.1 millones de mexicanos que están desempleados y están buscando trabajo.

De las personas desocupadas, el 46% tiene hasta un mes buscando empleo, el 41% de uno hasta seis meses, el 4.6% tiene de seis meses a un año y el 1.6% tiene más de un año buscando sin encontrar. Por si está pensando dejar su trabajo, ahí puede ponderar las probabilidades.

Otro de los temas que determinan la calidad de un trabajo y de la vida de una persona, son las horas que pasa trabajando. Y, efectivamente, en México trabajamos muchas horas. De acuerdo con la OCDE, entre 38 países analizados, México fue el país donde más se trabaja, con dos mil 246 horas al año.

Quedará claro que la productividad no depende de las horas destinadas a estar en una oficina: Alemania fue el país donde menos horas se trabajó. Le sigue Holanda, Noruega y Dinamarca.

De acuerdo con el Artículo 58 de la Ley Federal del Trabajo, el máximo legal establecido son ocho horas diarias si la jornada es durante el día, diurna; siete horas si es nocturna, y siete horas y treinta minutos si es una jornada mixta. Sin embargo, más del 28% de los ocupados trabajan más de 48 horas a la semana y el 45% labora entre 35 y 48 horas por semana.

Finalmente, otro elemento central en un trabajo es la remuneración justa, que te permita vivir dignamente. ¿Y cómo entender eso? ¿Cómo medir esa dignidad?

Si nos atenemos a lo que dice el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo, eso sería “lo suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos”. Vamos a ver si es cierto.

Sabemos que la mayor proporción de ocupados, el 26.2%, percibe entre uno y hasta dos salarios mínimos, es decir, entre 80 y 160 pesos diarios. El salario mínimo son 80.04 pesos diarios. El 21% de los ocupados —1 de cada 5— recibe entre 160 y hasta 240 pesos. El 15% recibe hasta 80 pesos, y solo el 6.1% de la población percibe más de 5 salarios mínimos diarios, es decir, más de 400 pesos.

Uno de los retos que los países han asumido a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU es conseguir “trabajo decente” para la población, es decir, actividades que dignifiquen y permitan el desarrollo de las personas; con ingresos justos y proporcionales al esfuerzo y a la responsabilidad; realizados sin discriminación y, por supuesto, al menos con la protección social a la que obliga el estado. Retos…

Con cifras del lNEGl.

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