Peña Nieto y AMLO: dos proyectos antagónicos

Peña Nieto y AMLO: dos proyectos antagónicos

En la reciente conmemoración por el 88 aniversario del surgimiento del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto advirtió:

“Hoy nuevamente hay riesgos de retroceso. Al igual que hace seis años, están resurgiendo las amenazas que representan la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica. No olvidemos el estancamiento del que veníamos, ni el riesgo real de perder lo que hemos logrado construir como país en las últimas décadas”.

Causa azoro esta declaración. Toda vez que durante los 35 años que lleva el modelo neoliberal en México, a partir del gobierno de Miguel de la Madrid, la tasa de crecimiento ha sido prácticamente de cero. A veces ha llegado, a lo más, a 2 por ciento.

En el lapso 1982/2017, se desprotegió el mercado interno, el endeudamiento público externo se disparó a 180 mil 646 millones de dólares, hasta rebasar las reservas del Banco de México, valuadas en casi 175 mil millones de dólares. El desempleo orilla a los ciudadanos a incorporarse a la economía informal, a emigrar o a entrar alas filas del crimen organizado.

El 4 de marzo, cuando Peña Nieto lanzó su retórica neoliberal para asegurar: “Una vez más tenemos que salir a defender el avance del país y el bienestar de la gente”, Andrés Manuel López Obrador, presidente nacional de morena, le respondió:

“Claro que queremos regresar al pasado. Y vamos a regresar. ¿Por qué amenazan que con el triunfo de nuestro movimiento se va a regresar al pasado? Todo depende de cómo se le quiera ver. Antes había crecimiento económico, ahora hay ruina porque todo se lo han entregado a particulares y extranjeros

En efecto, cuando en 2018, morena y Andrés Manuel López Obrador consigan ganar la Presidencia de la República, se rescatará, en primer término, la rectoría del Estado, ese concepto hoy tristemente en desuso porque implica que el Estado y sus dirigentes legítimamente electos definirán el rumbo de la nación de acuerdo con los intereses de la ciudadanía.

En cambio, con el modelo neoliberal la rectoría del Estado desapareció, porque al frente de la nación no se imponen los dirigentes electos del país, sino una cúpula de negociantes que consideran que el país es una firma transnacional cuyo fin es obtener ganancias, no promover la generación y distribución de la riqueza entre los ciudadanos.

Porque, en el fondo, el neoliberalismo representa un golpe de Estado en contra de los legítimos dueños de la nación: los mexicanos.

Por eso López Obrador, en respuesta al discurso de Peña Nieto, advirtió:

“Aseguran que estamos buscando que se revoque la reforma energética. ¡Claro. Debe ponerse a consideración del pueblo. Se (le) debe preguntar. Igual y es como antes, y el petróleo se vuele un recurso natural del pueblo y de la nación”.

La respuesta del dirigente nacional de morena toca los intereses más egoístas de quienes respaldan la expropiación, a favor de intereses privados y extranjeros, de nuestros recursos energéticos: petróleo, gas, electricidad.

Muy por el contrario, la privatización energética atenta contra los intereses del país y de sus habitantes. Y deben ser éstos quienes, mediante consulta, decidirían si los bienes energéticos deben volver a formar parte de los activos de la nación o permanecer en los términos en que hoy se encuentran.

López Obrador lo ha dicho en innumerables ocasiones, no los expropiaría. La decisión quedaría en manos de la ciudadanía.

En tal sentido, cabe asimismo subrayar que López Obrador no es adversario de los empresarios. Así lo ha reiterado en numerosas ocasiones. Por ejemplo, el 20 de noviembre de 2016, al presentar el documento 50 lineamientos para la transformación de México, advirtió:

“Vuelvo a decirlo: no todo el que tiene dinero es malvado, no estamos en contra de quienes con tenacidad y empeño invierten, generan empleos, obtienen ganancias lícitas y se comprometen con el desarrollo de México”.

Morena busca rescatar lo mejor de nuestro pasado: de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución. Y de un pretérito no tan lejano. Por ejemplo, en la década de los setenta del siglo pasado, el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto era de alrededor de 6 por ciento anual. E incluso alcanzó la tasa más alta del mundo al registrar un 7 por ciento anual.

Asimismo, durante largo tiempo Pemex fue una de las diez empresas más importantes del mundo. Y con el Sistema Alimentario Mexicano se pretendía rescatar la soberanía alimentaria del país. Proliferaban, también, las cooperativas en manos de los trabajadores.

Ese es parte del pasado que morena y López Obrador pretenden recuperar a partir de 2018. Pero con un cambio sustancial. Si con el Modelo de Desarrollo Estabilizador, también conocido como Estado Benefactor, en efecto hubo generación de empleos y México evolucionó, también es cierto que se concentró la riqueza y los aparatos corporativos impidieron el desarrollo independiente de los ciudadanos.

En cambio, morena postula que para acceder a la verdadera democracia es imprescindible la organización desde abajo. La organización ciudadana para lograr el renacimiento del país.