¿Habría que vetar a empresas hispanas que participaron en licitación para construir el muro?

¿Habría que vetar a empresas hispanas que participaron en licitación para construir el muro?

Marcela Guerra

El muro fronterizo que impuso Trump es lo que más ha ofendido a los mexicanos.

A través del Departamento de Seguridad Interna se han detallado las dos fases en las que se llevará a cabo la licitación para ejecutar su edificación.

En una primera fase, los interesados presentarán el prototipo de muro por escrito; se hará una elección que pasará a la segunda etapa en la que se darán a conocer proyectos formales que incluyan costos. Las adjudicaciones serán conocidas a mediados de abril de 2017.

El gobierno mexicano ha asegurado que no pagaremos por su construcción y se espera que ninguna persona física o moral de nacionalidad mexicana haga aportaciones económicas para ese fin.

No obstante, el repudio nacional hacia el muro, los procedimientos que ha dado a conocer el gobierno estadounidense para concretarlo son legales, así como la participación de compañías privadas en las fases actuales de la licitación.

Con fundamento a lo establecido en el artículo 5 constitucional, el gobierno mexicano no puede impedir el ejercicio de una profesión, industria, comercio o trabajo siendo lícitos.

La normatividad nacional en materia de adquisiciones, arrendamientos y servicios del sector público establece que, sólo aplicaría el veto a una empresa para participar en contrataciones gubernamentales en determinados supuestos, entre los que figuran: cuando no se firmen dos o más contratos; ante la rescisión de contrato en dos o más dependencias en un plazo de tres años; incumplimiento de obligaciones contractuales; proporcionar información falsa; conflicto de interés y resolución judicial.

Derivado de lo anterior, no estaría apegado a la ley la determinación de vetar a las empresas que están participando en la licitación que emita el gobierno estadounidense para la construcción del muro.

La trayectoria de las empresas y de sus marcas están vinculadas a su prestigio y reputación. En la historia reciente existen casos concretos en los que los consumidores han reprobado e incluso rechazado productos o marcas en reacción a su participación en campañas publicitarias ofensivas o discriminatorias.

El balance que tendrán que hacer las empresas al decidir participar o no en la construcción del muro, es el de comparar las ganancias monetarias a obtener contra los posibles impactos económicos que tendría la sanción social, es decir, el señalamiento público y deterioro de su prestigio.

Mariana Gómez del Campo

El día 24 de enero, a tan sólo 4 días de haber tomado protesta como presidente de Estados Unidos, Donald Trump firmó la orden ejecutiva que autoriza la construcción del muro de la ignominia y de la estupidez.

Empecemos por este último adjetivo, el muro es la más grande estupidez de Trump porque resulta que de los 3 mil 100 km de frontera que separan a México y a EU, ya hay mil 50 kilómetros de muros y vallas, es decir, que el muro ya existe. En los kilómetros faltantes las barreras son de índole natural, accidentes topográficos por los que resulta muy difícil transitar.

Es decir, si no ha habido muro ahí es porque incluso resultaría muy complejo construirlo. Pero la historia no termina ahí, resulta que en los últimos cinco años se han realizado más de dos millones de detenciones en la frontera sur, pero sorprendentemente la mayoría de los inmigrantes ilegales no llegaron a través de esta frontera terrestre. La mayor cantidad de personas migrantes que llegan a Estados Unidos entran por otras vías, como la aérea. El discurso ignorante de Trump topa con la realidad. Hoy es mayor la cantidad de migrantes que llegan a EU procedentes de países asiáticos que de México y Centroamérica.

El tema del costo es otro punto digno de análisis. México no va a pagar un solo peso por esa gracia, pero resulta que se estima que el costo del muro rondará los 10 mil millones de dólares, existe un informe de la organización Bernstein Research, que monitorea costos de materiales, que incluso estima una cifra superior a los 25 mil millones. Tan sólo para la primera etapa el monto destinado es cercano al presupuesto que destina México a un año de política social, es decir, de los programas sociales del gobierno federal.

Este muro de la ignominia, de la infamia o del deshonor, ha generado una profunda indignación en ambos lados de la frontera; por poner un caso, la Congresista de Nueva York, Nily Rozic ha propuesto que se vete a las empresas constructoras en los Estados Unidos para que no puedan participar en proyectos gubernamentales. El costo ha incomodado a muchos sectores en aquella nación porque a todas luces es un gasto innecesario y excesivo.

La pregunta aquí es si empresas hispanas deberían participar; es un dilema ético, ya que por un lado representa una derrama económica millonaria que generaría empleos pero, por otro, un símbolo del discurso del odio. ¿Pueden empresas socialmente responsables participar?

En el fondo, el muro es la respuesta más equivocada a las causas que provocan que las personas decidan dejar sus lugares de origen; sería más inteligente que EU destinara esos recursos para el desarrollo de las comunidades al sur de su frontera. El muro es una burla, incluso ya hay concursos para ver quién lo trepa más rápido.

Lo realmente preocupante es el endurecimiento de la política migratoria que podría separar familias, que provoca un estrés enorme a quien vive con miedo de ser deportado, y la impotencia que incluso ya ha cobrado la vida de dos personas que se han suicidado al ser deportados.

Parece ser que además de afectar la vida humana, el ecosistema fronterizo se verá afectado por los mayores obstáculos al paso natural de especies animales y plantas, es el caso del correcaminos o el emblemático cactus saguaro. Hasta la fauna y la flora sufrirían con la estupidez de Donald Trump.