¿EU tiene derecho a opinar sobre los candidatos para elecciones presidenciales de 2018?

¿EU tiene derecho a opinar sobre los candidatos para elecciones presidenciales de 2018?

Mariana Gómez del Campo

El grado de integración política, económica y social entre México y Estados Unidos es tal que el contexto interno de uno influye en la política interna del otro y, evidentemente, en la relación bilateral.

Muestra de ello es que las consecuencias en el resultado de las elecciones estadounidenses de 2016 se sintieron incluso en la política exterior de México, pues tras meses de negociaciones y un intenso trabajo en el Senado de la República para su análisis, el Acuerdo de Asociación Transpacífico, un tratado firmado con 12 países en febrero de 2016, terminó congelado con la firma de la Orden Ejecutiva de Donald Trump en la que se retiraba Estados Unidos de dicho tratado; nuestro país optó por negociar acuerdos bilaterales con los países firmantes del extinto TTP.

En ese sentido, es innegable que el resultado de las elecciones de México en 2018, tendrán un impacto en la relación bilateral con Estados Unidos, frente a una administración estadounidense particularmente hostil con nuestro país. Esta interdependencia y vínculo estrecho es lo que no ha entendido Donald Trump, a Estados Unidos le resultaría muy complejo lidiar con una administración en México que no esté dispuesta a construir acuerdos o mecanismos de cooperación en materia de seguridad, por ejemplo. No hablemos ya del combate al narcotráfico, migración, y más.

La injerencia y la intervención de un país extranjero en decisiones que sólo competen a los ciudadanos mexicanos no es ni será jamás aceptable. Veamos lo que ha pasado con nuestro vecino, tan sólo el escándalo que derivó en una investigación del FBI por una supuesta intervención rusa para impulsar a Trump está generando una enorme inestabilidad y desprestigio al gobierno actual.

Sin embargo, considero que se tiene que dar una valoración precisa a las declaraciones de John Kelly, Secretario de Seguridad de Estados Unidos, con relación a que un remoto triunfo de la izquierda en México sería pernicioso para los Estados Unidos y para nuestro país. Estas declaraciones se llevaron a cabo en una comparecencia ante el Comité de Seguridad Interna del Senado.

Como legisladora, conozco el formato de dichas reuniones y para que el sistema de división de poderes y sus mecanismos de “check and balances” funcionen, es necesario que los funcionarios públicos tengan plena libertad para expresar sus ideas sin “maquillarlas” frente al Congreso. En una comparecencia de este tipo, en donde se desahogan temas de interés nacional, es posible encontrar afirmaciones que no siempre son diplomáticas o son las que quisiéramos oír. No obstante, en estricto sentido estas opiniones son eso, opiniones, que están lejos de ser actos injerencistas.

Fue atinado que el Canciller mexicano señalara que las decisiones electorales corresponden a los mexicanos y que esperan que el gobierno de Estados Unidos las respete porque eso sienta un importante precedente. Desde el Senado de la República rechazamos el intervencionismo de cualquier país a un proceso político interno, sin embargo, también tenemos claro que emitir opiniones no representa en sí misma una injerencia en el proceso electoral. Incluso nosotros mismos hemos sido muy insistentes en señalar los atropellos a derechos humanos y derechos políticos en Venezuela porque creemos que esa es una batalla que debemos dar dentro y fuera de nuestras fronteras.

El actual contexto que vive América Latina, nos confirma que la solución para hacer que nuestro país prospere y corrija el rumbo no es la elección de un perfil populista, sino veamos como Nicolás Maduro ha quebrado a millones de familias venezolanas que hoy no tienen acceso a azúcar, papel higiénico, vacunas o tratamientos médicos. Su discurso de “salvador de la patria”, muy similar al discurso de la “esperanza” en México son casi una copia calca. México requiere un estadista que empodere a los ciudadanos no que se valga de ellos y sus necesidades para encumbrarse en el poder.

Marcela Guerra

El miércoles 5 de abril, en el contexto de una comparecencia ante el Comité de Seguridad Interna del Senado de Estados Unidos, el General John Kelly y el Senador John McCain afirmaron que un presidente de izquierda en México no sería bueno para nuestro país ni para Estados Unidos.

Estas opiniones no han pasado desapercibidas y han dado pauta a múltiples interpretaciones, entre las que se encuentra el hecho de reconocer que México y lo que sucede en este país, es relevante para el vecino del norte.

El Secretario Kelly y el Senador McCain están en su derecho de expresar su opinión sobre ese tema o cualquier otro, y no ignoran que la investidura que portan los hace responsables de los contenidos de sus dichos.

Habría que distinguir, sin embargo, que entre opinar e intervenir hay una gran diferencia.

Durante el pasado proceso electoral que tuvo lugar en Estados Unidos, desde México participamos activamente en varios ejercicios de análisis con el objetivo de entender las implicaciones que representaban para nuestro país, las posiciones de los dos candidatos en disputa.

Funcionarios públicos, ex funcionarios, académicos, legisladores y sociedad civil emitimos opiniones al respecto, cada uno lo hizo en plena libertad. Ese hecho no implicó en absoluto una intervención en las elecciones estadunidenses.

En derecho internacional, la intervención hace alusión a las actividades o acciones directas que buscan alterar los asuntos domésticos de otro estado soberano, con el fin de modificar su comportamiento o sus decisiones.

Siguiendo con el mismo ejemplo, el gobierno del presidente Barack Obama conoció de acciones concretas llevadas a cabo por Rusia, que tenían por objetivo incidir en los resultados electorales del 8 de noviembre de 2016.

Ese hecho fue calificado como “vulneración de correos electrónicos de personajes e instituciones estadounidenses, incluyendo organizaciones políticas de Estados Unidos que tuvieron el objetivo de interferir en el proceso electoral estadounidense”.

México es y seguirá siendo respetuoso de las decisiones soberanas de otros Estados y rechaza la intervención en sus asuntos internos.
Si bien Kelly y McCain expresaron su opinión sobre el proceso electoral mexicano, lo cual no implica una intervención, fue un acierto el del canciller Luis

Videgaray, el recordarle al secretario John Kelly que las decisiones electorales y la selección de autoridades de México, corresponde solamente a los mexicanos.