50 años del Monterey Pop Festival, la primera fiesta del consumo juvenil

Por David Ruano/@Medoriorules

50 años del Monterey Pop Festival, la primera fiesta del consumo juvenil
Por Ibero

Decir solamente que el Monterey Pop Festival de 1967 inauguró el llamado Verano del Amor, sería reducir su importancia dentro de su propia época. Además de dar a conocer el “último movimiento que quiso cambiar al mundo” a un público más amplio, el alcance histórico de este festival repercute hasta nuestros días. Los valores promovidos por el hippismo, es decir, amor y paz, permitieron que los jóvenes tuvieran un mayor sentido de comunidad e inclusión. Si bien la vida en comuna era la práctica de dichos valores en el día a día, éstos se consolidaron dentro de los festivales de música, donde una amplia aglomeración de personas coincidía en la forma de pensamiento y conducta.

Con Monterey, se inicia una idea de cómo es ser joven y en dónde está permitido serlo. El festival se convirtió en un espacio ritual, incluso carnavalesco, donde la fraternidad, las actividades lúdicas y los excesos emergen del escenario, como un centro que se expande gracias a la música y actúa en cada uno de los asistentes. La necesidad de esta fiesta se hizo patente en la juventud a grado de que, el día de hoy, las bandas participantes han pasado a un segundo plano y la venta de boletos inicia antes de que se revele el cartel, pues lo importante es asistir.

A pesar de que se trata de tiempos y espacios ideales del sueño juvenil, la industria siempre ha estado detrás moviendo los hilos y montando la escenografía. En el caso de Monterey, la idea original era crear un medio donde las disqueras pudieran descubrir a las siguientes estrellas pop, ya que la primera fila estuvo reservada para empresarios dispuestos a firmar el mejor espectáculo. Un contrato discográfico y la eterna experiencia del festival significó la muerte para los más grandes actos de 1967: Jimi Hendrix, Janis Joplin y Keith Moon de The Who.

Kim Gordon, en el capítulo “Homerpalooza” de Los Simpson, define un festival como “música, publicidad y colocación de productos en el sector juvenil”, “eso y ponerse como cola de perro: hasta atrás” complementa alguien de Cypress Hill. Si algo nos legó el hipismo fue el fracaso de su ideología frente al capitalismo, pues develaron a la juventud como el mercado más rentable. Queda la música y la fiesta, pero falta la libertad.

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