¿La segunda vuelta es una medida viable para 2018?

Parece que algunas fuerzas políticas en el Congreso no sólo no están de acuerdo con su implementación, sino que se han dado a la tarea de bloquearlo

¿La segunda vuelta es una medida viable para 2018?

Los países de América Latina que mantienen un sistema presidencialista, a excepción de Venezuela, contemplan el mecanismo de segunda vuelta, buscan que sus mandatarios tengan un importante respaldo de la ciudadanía. Por ello es deseable que se apruebe en México para la elección presidencial de 2018, sin embargo, parece que algunas fuerzas políticas en el Congreso no sólo no están de acuerdo con su implementación, sino que se han dado a la tarea de bloquearlo.

Mientras que algunos desde el gobierno hablan de la inviabilidad de legislar en materia de segunda vuelta por aferrarse a un sistema político que ya no responde a la realidad política de nuestro país, por otro lado, la izquierda intransigente que representa Morena ataca el mecanismo porque sabe que en una segunda vuelta, el grueso de la población rechazará a un candidato que representa una regresión autoritaria o una apuesta populista, prueba de ello es que en el Estado de México, más del 70 por ciento de los ciudadanos dijeron “no” al proyecto que representa López Obrador.

Los números no mienten: en la elección presidencial de 2000, cuando llegó la transición democrática a nuestro país, la diferencia entre el primer y segundo lugar fue del 6.41 por ciento, es decir, más de 2 millones 400 mil votos; en la elección de 2006, la diferencia fue del 0.62 por ciento, lo que significa poco más de 240 mil votos; finalmente, en 2012 la diferencia fue de 6.62 puntos gracias a distintas coaliciones que se dieron particularmente entre el PRI-PVEM y el PRD-PT-MC.

Las experiencias electorales en España, Francia y en Gran Bretaña muestran cuan divididos están los electores a causa del surgimiento de nuevos actores políticos que han provocado una mayor dispersión del voto. No nos confundamos, damos la bienvenida a nuevas fuerzas políticas, sin embargo, consideramos desde Acción Nacional que el pluralismo y la búsqueda de consensos enriquecen la democracia. Y justamente la tendencia global va en esa línea, pese a tener sistemas parlamentarios, en España, quedó atrás el bipartidismo en el que los socialistas y el Partido Popular compartían el poder, prueba de ello es que durante 10 meses los españoles se quedaron sin gobierno pues ningún partido consiguió los votos suficientes en el Congreso para formar Gobierno. Hace unos días, los conservadores en Reino Unido perdieron trece escaños en la Cámara de los Comunes y aunque los laboristas sumaron 30 diputados, ninguna fuerza política sumó los 326 asientos, de los 650 disponibles, para formar un Gobierno. En ese sentido, la tendencia política global cada día apuesta más al consenso.

En el mundo se vive una oleada populista que amenaza las instituciones democráticas y las libertades fundamentales, en buena medida esto se explica porque el discurso populista es muy sencillo y fácil de entender: en él sólo hay buenos y malos, negro o blanco, aliados o enemigos. En la realidad las cosas no son tan fáciles como las pinta el populismo porque no existen los remedios mágicos. La segunda vuelta obligaría a las fuerzas políticas a llegar a consensos, lo cual es incompatible con perfiles como el de Trump o López Obrador, personajes que buscan imponer su verdad a toda costa y que desprecian el diálogo.

En ese contexto, Acción Nacional ha insistido en discutir y aprobar las distintas iniciativas de segunda vuelta electoral que, a diferencia de lo señalado por el PRI-Gobierno, no es algo nuevo o improvisado pues desde 2012 hemos presentado iniciativas en el tema pues queremos un Presidente de República con respaldo político y ciudadano, pero también queremos que se incremente la gobernabilidad. Es un hecho que ningún partido puede solo, requiere construir una mayoría que le permita sacar adelante sus planes de gobierno. La segunda vuelta no representaría un costo adicional y sí nos permitiría tener un gobierno fuerte con un proyecto plural.