Instrucciones para declararse culpable

Para ser leídas con: “DNA” de Kendrick Lamar

Por Eduardo Navarrete

Paso 1. Acostúmbrese al hábito

Negarse a que el acto de girar cuidadosamente el picaporte traerá consigo un boleto para tocar y ser tocado por encuentros y desencuentros sería tanto como estar ya en una caja, varios metros abajo. Por eso, levántese del mismo lado de la cama y bostece tantas veces como su aburrimiento prodigue, miente madres mientras se baña y sigue pensando que está soñando que se baña, mentando madres. Rinda tributo al mismo sabor de la pasta dental con la que se viene cepillando desde los cuatro años, use la combinación de ropa que todos a su alrededor apostarán que llevará y abrace fuertemente el hábito hasta entenderlo como un pariente del que nada sabe, pero hay que visitarlo cada sábado.

Paso 2. Ría con sus esfuerzos sostenidos

Ábrase paso entre el muro virtual o prejuicioso de cualquier masa que encuentre en la calle. Camine como un perro al que se le saca a pasear por primera vez, ande sin la correa de la adecuación y extreme sus inquietudes. Evite encontrar todo en su sitio y aprenda a soltar, justo así como la vida lo soltará a usted. Para eso es que tenemos, más que vida, conciencia.

Paso 3. Reconozca la vacuidad de todas las experiencias

No tiene que cambiar de trabajo, ni de novia ni de país para notar la naturaleza de la impermanencia. Aunque no quiera, todo cambia, y así, conforme pasa el tiempo, uno se da cuenta de la condición ilusoria de la realidad. Los sueños no existen independientes a quien los sueña: se nos olvida que estamos soñando, que dichos sueños son ilusorios y reaccionamos con apego y aversión a su contenido. El dolor surge en un sueño, debido la inhabilidad de reconocer que usted se encuentra en un sueño. Pero tenemos el súperpoder de olvidar que la mente es lo que la mente hace.

Paso 4. Tampoco se tire al suelo

No es que esté mal que las cosas nos encuentren tal como nos dejaron el día anterior. Lo peor sería no darse cuenta de ello y evitar el plausible instante de seguir la huella de un OVSI y cambiarle el nombre que todos aceptamos como “nube”.

Paso 5. Declárese culpable ¡y salte!

¿Y si se libera de de la tiranía de las apariencias, así sea por un ratito? Nada tiene una sola lectura. Así como ha olvidado voltear hacia arriba gracias al triste reflejo de la habituación, puede que tenga una vida guardada en el armario: confíe en el reflejo de ese picaporte, gire su realidad (aparente) y recuerde hace cuánto tiempo no se avienta de un paracaídas o de un larguísimo e intrincado tobogán y recordar lo que es sólo sentir. Eso es lo que hay tras la puerta de su casa: no el molde que aparece día con día para entonces rezongarle. Es el reflejo del estado de su mente, que puede también ser un tobogán, así sea para caminar o manejar rumbo a la oficina.

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