El miedo a empezar de cero

La capacidad de empezar de cero, representa muchas oportunidades, de rehacer y volver a crear para hacer mejor. La creencia de que tu vida ya está hecha, puede terminar con tu capacidad de aceptar nuevos retos, expone Helios

Por Helios Herrera

Una de las características de los seres humanos es su deseo de poseer y acumular; ya sean bienes materiales como pertenencias y reconocimientos o sentimientos, trabajos, sueños, pensamientos y un sin fin de cosas; que, si las tuviéramos que meter en maletas y cargarlas en la espalda, estaríamos aplastados y sin la capacidad de movernos.

Podría apostar que, si dejaras de leer estas líneas y fueras a tu clóset, encontrarías algo que llevas tiempo sin usar. Déjame decirte que, esto más allá de ocupar un espacio físico, es la perfecta analogía sobre la cantidad de resentimientos, odios y situaciones de este tipo, que lo único que reflejan es un acto de antiprosperidad.

En pocas palabras, no sabemos soltar, depositamos un poderoso valor en las cosas que creemos hoy día nos dan seguridad, cuentan nuestra historia, describen lo que somos y significamos. Pero ¿qué pasaría si un día amanecieras sin nada de todas estas cosas?

Por supuesto que un gran miedo nos invadiría al ser reseteados de todo lo nuestro, un miedo normal que respondería a la idea de comenzar de cero, tirando todas esas cosas que hemos acumulado, deshaciéndonos de nuestro trabajo y tiempo invertido; sin embargo, lo que realmente significa dejar algunas cosas, es tener una nueva oportunidad para volver a hacerlas, adquirirlas, construirlas o trabajarlas, pero de una mejor manera.

La capacidad de empezar de cero, representa muchas oportunidades, de rehacer y volver a crear para hacer mejor. La creencia de que tu vida ya está hecha, puede terminar con tu capacidad de aceptar nuevos retos.

Este domingo quiero compartir contigo esta historia que, sin duda alguna, ilustra perfectamente el por qué hay que estar abiertos a dejar lo que tenemos, arriesgar a lo desconocido y vencer el miedo a empezar de cero.

Había un joven en medio de un bosque, caminaba entre árboles y su único objetivo era definir el camino para salir de ahí. Después de un par de horas, se encontró con un río, el cual tenía que cruzar para poder salir de ese bosque.

Pensó formas para cruzarlo, concluyó que la única alternativa era construir una balsa.
El joven trabajó día y noche durante algunos días. Tras un laborioso y costoso trabajo, por fin consiguió su propósito. Subió en la balsa y cruzó. Al llegar al otro lado, se dijo así mismo.

“¡No debería abandonar mi balsa! Mi trabajo me costó construirla, además seguro luego aparecerá otro río y la necesitaré”.
Cargó en su caminar con esa balsa pesada en sus espaldas por el bosque, asegurándose y aferrándose a que debía seguir así hasta el final. Resulta que la balsa cada vez se hacía más pesada y que el bosque cada vez se hacía más frondoso y caminar así era muy difícil y complicado.

El joven se debilitó tanto, que una noche murió bajo la lluvia. Destrozado por el cansancio que ese bote de madera le había provocado en su largo y duro camino.
Su rigidez mental por no deshacerse de su balsa y de su trabajo, y por el miedo de que un río apareciera nuevamente, lo dejó sin vida y sin aliento. Sin darse cuenta de que si hubiera seguido el camino solo, sin ese peso, hubiera sido más flexible, menos pesado y más rápido.

¿Y si un nuevo río hubiera aparecido en el camino? Su nueva experiencia lo hubiera llevado a construir una nueva y mejor balsa en muy poco tiempo. Empezar de cero no es tan malo, sobre todo porque como tal no empiezas de cero, ya llevas contigo experiencias que te permiten hacerlo mejor.

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