Fracaso o utopía I

Ésta es la primera de dos entregas dedicadas a mostrar cómo la utopía, más que el fracaso, puede ser una realidad aquí y ahora

Fracaso o utopía I

Fue hace tiempo. En medio de una conversación, Óscar Martínez, ahora profesor de la Ibero, irrumpió: “Es cierto, mi propuesta es utópica, pero ¿Qué sería de la humanidad sin utopías?” Óscar, de origen humilde, es un intelectual público con una vida confortable no sólo por su propio esfuerzo, sino porque, aunque escasas, sí hay oportunidades en el país y gente que tiene la energía y talento para seguirlas.

Muchos conocemos a alguien así. Pero voces del status quo nos quieren convencer que no hay sentido en desgastarnos. Que la realidad es como es y nada podemos hacer para transformarla. Esas voces se han alzado recientemente para asegurarnos que el sistema educativo, y los candidatos independientes, son un fracaso. Y nada va a cambiar. Pero en ambos casos, parece que la única posibilidad de cambio en este país es apostarle a la utopía.

Ésta es la primera de dos entregas dedicadas a mostrar cómo la utopía, más que el fracaso, puede ser una realidad aquí y ahora. Hoy toco el tema del sistema educativo.

Recientemente, algunos periódicos dedicaron páginas a decir que “estudiamos para ser pobres”. Con base en el informe del Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana, se mostraron gráficas que identifican que el salario ha perdido su poder adquisitivo en los últimos 40 años, y como resultado de ello, el salario promedio de un recién egresado es precario.
Se relacionó con un Twitter que se hizo viral días atrás, donde una joven de preparatoria se niega a seguir estudiando pues mayores estudios no garantizan salir de condición de pobreza.

Algo de razón tienen, tanto la interpretación de la gráfica de pérdida del poder adquisitivo del ingreso, como la joven que ve difícil que mayor estudio depare ventajas.

Esto no es fracaso del sistema educativo, sino del sistema productivo. La tarea del sistema educativo se cumple si a mayor educación corresponde una mayor posición en el sistema de ingresos. Es decir, la tarea del sistema educativo es dotar a sus egresados de ventajas para que a mayor educación corresponda siempre un puesto con mayor remuneración y calidad de vida.
Si el sistema educativo ha fracasado, lo anterior será falso. La mejor manera de probar lo anterior es ubicar una sociedad donde haya una relativa saturación de credenciales educativas. Es decir, en una sociedad donde no hay ingenieros, por ejemplo el México de los 70, que un ingeniero gane bien no refleja sino que es un bien escaso. Pero que gane mejor que los demás en una sociedad donde hay miles, refleja que el sistema educativo cumple en lo general con su cometido.

Propongo que Puebla es un buen laboratorio. El estado de Puebla cuenta con la mayor saturación de universidades y estudiantes de educación superior en México. Si la educación ha fracasado, la educación superior no debe tener rendimientos positivos.
Probamos esta hipótesis para la zona metropolitana y el estado de Puebla, con datos de la Encuesta de Movilidad Social y Bien Común, financiada por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias y UPAEP. El resultado es afín con lo que sabemos acerca de rendimientos a la educación en todo el mundo. A mayor educación corresponde mayor ingreso, mayor riqueza en el hogar, mayor satisfacción con la vida, y mayor felicidad.

Cierto es que los salarios sirven para menos que hace 40 años. También es cierto que quien más estudia, en promedio tiene mayor acceso a oportunidades relativas. Las voces del status quo están en su derecho de decirle a los estratos menos favorecidos que no se molesten en ser como ellas, que no vale la pena. Es nuestro deber decir a los jóvenes que lo sigan intentando, y que habrá recompensas al final del camino.