Que me toquen las Golondrinas

Sí, yo sé que éste es el mes del amor y la amistad, de darle amor a la amistad, del amante y todas esas otras cuestiones empalagosas o de rompe y rasga. Pero también ha sido un mes en el que nos dieron a conocer que el número de homicidios dolosos en este país ha crecido de forma desaforada

Por Fernanda Tapia

Comencemos estudiando algunos de los condenados por la inquisición. Giordano Bruno, quien nació en Nápoles en 1548. Fue un astrónomo y filósofo muy influyente y perseguido en su época por las teorías cosmológicas fundamentadas en el modelo de Copérnico, que aseguraban que el Sol era una estrella y que éste no era el único planeta con vida en el universo. Estas y otras teorías le costaron la vida. El Vaticano lo condenó a la hoguera en el año 1600. Yo creo que reencarnó en mi amigo Maussan. Giulio Cesare Vanini nació en Taurisano, Italia, en 1585. Fue un filósofo, teólogo y físico, pero lo estridente y notorio es que era un auténtico anticristiano, pues todas sus teorías y postulados contradecían a la Iglesia católica. Años más tarde, estudió derecho y posteriormente fue ordenado como sacerdote. (Yo también puse cara de WHAT). Algunas de las teorías que propuso tenían que ver con el origen del hombre y aseguraba que la inmortalidad del alma era falsa. Éstas y otras ideas le costaron la vida y fue condenado a la hoguera en 1619. Decir algo así en la actualidad también te cuesta la vida, pero social porque te queman, pero en las redes.

Pietro d’Abano nació cerca del año 1250 (éste sí, ya llovió) en Abano Terme, Italia. La Inquisición lo acusó en dos ocasiones: la primera, por herejía y fue absuelto. La segunda ocasión fue encontrado culpable y se le condenó a la hoguera, pero murió en 1318 mientras estaba en prisión, justo antes de ser llevado a la plaza pública para ser incinerado. Acuérdense que guardaban el cadáver y así apestoso y mosqueado lo llevaban a la hoguera. Pero de que se cumplía la condena, se cumplía. Su influencia en el campo de la medicina y sus intereses por las teorías árabes le costaron la vida. Igual era de Al Qaeda. El más famoso, sin duda, es Galileo Galilei, quien nació en Pisa, Italia, el 15 de febrero de 1564. Yo creo en esa época no estaba tan inclinada la mentada torre. Es catalogado como “el padre de la ciencia”. Tuvo serios problemas con la Iglesia católica por sus avances científicos que discrepaban mucho con la doctrina de Roma. Y ojo, porque él no fue condenado a la hoguera, pero el 16 de febrero de 1616 fue llamado por el Santo Oficio para que aceptara algunas infracciones de censura. Tsss, ¿dónde he escuchado éso? En ese momento, la Iglesia le exigía que se retractara de todo lo que había postulado o moriría, como eso “de que la Tierra era redonda y se movía”. Galileo finalmente fue condenado a prisión y recluido en su casa, porque se retractó de lo que dijo, pero a la vez no: en el juicio, expresó: “Me retracto, pero de que se mueve, se mueve”.

Esa es la actitud, jajajajaja. Otro: Juan Huss, quien nació en 1370. Fue uno de los precursores de la Reforma Protestante. Fue condenado por la Inquisición, acusado de herejía. La Iglesia católica lo obligó a retractarse y él no aceptó, razón por la que fue humillado y ultrajado públicamente. Murió el 6 de julio de 1415. Yo sí me “retractaba”, aunque sea una selfie.
Otro tema morbosón, y no me lleven la contraria, son las últimas palabras. De entre todos, ¿recuerdan al amistoso payaso, político y hombre preocupado por su comunidad, John Wayne Gacy Jr., conocido como Pogo el Payaso? Él fue un asesino serial estadounidense acusado de abusar de los niños, torturarlos y bue… una fichita. Se dice que: “¡Mató a sangre fría a treinta y tres personas! Se centraba en los hombres muy jóvenes, los encerraba en el semisótano, abusaba de ellos y al final los mataba brutalmente ¿Y cómo lo hacía? Pues con su método preferido, es decir, apuñalando y estrangulando a sus víctimas”. Les cuento que la ejecución de este monstruo se realizó por inyección letal y tuvo lugar en Chicago el 10 de mayo de 1994. Sus últimas palabras que lo describen a la perfección, fueron: “¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están los otros!”. Otro que hasta ha sido objeto de películas fue Peter Kürten, llamado El vampiro de Düsseldorf. También fue condenado a muerte por haber matado a nueve personas y por numerosas agresiones físicas. Su caso ha sido muy estudiado e investigado. El motivo principal para cometer los asesinatos era su pasión desenfrenada por beber la sangre de sus víctimas (de ahí su apodo) y el placer físico que sentía en aquel momento. Atacaba a puñaladas, ¡¡¡acuchillando o martillando!!! La ejecución de Kürten se realizó el 2 de junio de 1931 en Colonia, en Alemania. Sus últimas palabras: “Dime, ¿después de que mi cabeza haya sido cortada, voy a seguir siendo capaz de escuchar, al menos por un momento, el sonido de mi propia sangre que brota del tronco de mi cuello? Eso sería un placer para poner fin a todos los placeres”.

PARA PENSARLE

Y aquí sí los ha habido de todas las edades: George Stinney Jr. de 14 años ¿Recuerdan la Milla Verde? En 1944 condenaron a este morro afroamericano a la pena de muerte por, supuestamente, golpear a dos niñas blancas hasta matarlas, allá en Carolina del Norte. Fue encarcelado y no contó con un abogado defensor; por si fuera poco, el juicio en su contra duró solamente tres horas y no se presentaron ni testigos ni evidencias que pudieran exonerarlo, así lo menciona El Universal. “Al jurado, que era integrado únicamente por personas de raza blanca, solamente le tomó 10 minutos el emitir su veredicto: George Stinney Jr debía morir ‘electrocutado hasta que tu cuerpo esté muerto, de acuerdo con la Ley. Y que Dios se apiade de tu alma’, según dicen los documentos emitidos por el tribunal”. Lo más indignante: después de 70 años, la justicia declaró inocente a quien fuera “el ejecutado más joven del mundo”. Chiales… ¿Y el más ruquito? Viva Leroy Nash, de 94 años, murió en febrero de 2010 en la prisión estatal de Florence, de Arizona. Nash tenía antecedentes penales que datan de 1930, era sordo, casi ciego, sufría un desorden mental y demencia y apenas se podía mover. En el momento de su muerte, los fiscales del Estado habían presentado un recurso a la Suprema Corte argumentando que Nash podría no estar en condiciones mentales para asistir a su defensa.

LO CHIDO

Híjoles, hoy nada es chido… 🙁

• Amelia Dyer fue condenada por numerosos asesinatos: seis de ellos fueron confirmados y los demás… pues unos 400 atribuidos, aunque ¡incluso se considera que eran más! Todas sus víctimas eran bebés o niños muy pequeños. Fíjense, Dyer, de profesión era enfermera, obviamente sabía recibir partos. “Creó un orfanato falso donde ofrecía ayuda a las mujeres embarazadas que no tenían dinero para criar a sus hijos o a las que querían deshacerse de sus bebés y abandonarlos. Todos los niños murieron por asfixia o estrangulamiento. La mujer fue ejecutada a la edad de 58 años, el 10 de junio de 1896. Resumió su miserable vida diciendo: “No tengo nada que decir”.

• Otro muy sonado fue Timothy McVeigh, de 33 años de edad, condenado a muerte por 168 cargos de asesinato en Indiana. Ejecutado con inyección letal, en 2001. Su última cena fue un kilo de helado de menta con trocitos de chocolate.

• Ricky Ray Rector, de 42 años, condenado a muerte por dos cargos por asesinato y ejecutado con inyección letal en 1992 en Arkansas. Su cena fue un filete, pollo frito, jugo de cereza y de postre, pastel de nueces. El pastel se lo reservó “para más tarde”, según le comunicó al guardia que le acompañaba.

• Allen Lee Davis, alias Tiny, de 54 años, condenado por robo y tres cargos de asesinato a la silla eléctrica en Florida, en el año 1999. Su última cena fue: cola de langosta, patatas fritas, camarones fritos, almejas fritas y dos rodajas de pan de ajo.

• Victor Feguer, culpable de asesinato en Iowa en el año 1963, fue condenado a muerte. Como última cena pidió una simple aceituna. Segun él, al comer la aceituna, un olivo nacería de su cuerpo como un símbolo de paz.

LO QUE CALIENTA

Los que no debieron morir.

• Jesse Tafero, quien fue ejecutado en mayo de 1990 (en la silla eléctrica) en Florida después de ser acusado de asesinar a dos policías. Todo ocurrió cuando los oficiales Phillip Black y Donald Irwin registraron el coche de Tafero y su amigo, Walter Rhodes, encontrando varios kilos de droga y armas. Los oficiales recibieron un disparo cada uno y los delincuentes escaparon; los arrestaron, pero Tafero fue el único condenado a muerte. Ahora bien, durante la ejecución en la silla algo falló y Jesse perdió la vida después de más de quince minutos, por lo que el sufrimiento fue aún mayor. Unos años más tarde se descubrió que quien en realidad realizó los disparos fue el compañero de Tafero, Walter Rhodes, convirtiéndose este caso en uno de los más sonados en materia de ejecución por pena de muerte en Estados Unidos. Y ese es el temor de querer imponer una pena de muerte en el país, imagínense con el tipo de justicia (o debería decir injusticia que aquí padecemos) ¿Cuántos inocentes no serían ejecutados?

• El de Carlos de Luna es otro caso indignante. Acusado de asesinar a puñaladas a Wanda López, una joven empleada de una gasolinera en la ciudad de Corpus Christi… Él siempre sostuvo su inocencia y hasta decía conocer al asesino, pero se negó a revelar su identidad por miedo a una venganza; y aunque las pruebas contra él nunca fueron concluyentes, su parecido físico con el auténtico culpable, Carlos Hernández, no permitieron que fuese salvado a tiempo. Fue ejecutado con una inyección letal en 1989, seis años después de ocurrido el crimen.

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