Yossi y Alfa Fundación

Tenemos un sistema educativo mediocre en el contexto internacional, que se relaciona con desigualdad persistente

Por Juan Enrique Huerta Wong

Hace no mucho, conversé en las instalaciones de la OCDE París con los funcionarios que diseñan la Prueba PISA. No entendían por qué México califica tan mal en desempeño académico, sin importar el origen socioeconómico de los estudiantes.

Dije a los funcionarios y a Roberto Vélez, Director Ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, que para mí una explicación importante se encuentra en que para ser Presidente, o Gerente, sea casi obligatorio provenir de niveles socioeconómicos altos. México es un país con barreras al éxito excepcionalmente altas para un país de la OCDE.

En otras palabras, tenemos un sistema educativo mediocre en el contexto internacional, que se relaciona con desigualdad persistente. Los hijos de las clases medias altas y altas saben que no tiene caso competir, porque no hay forma de que su situación cambie. Y los hijos de los relativamente pobres también. La única alternativa de éstos, si quieren una mejor vida, es el crimen organizado.

Si queremos tener un futuro, necesitamos que esto cambie. Pero si uno revisa las propuestas de los candidatos, nadie parece interesarse por una propuesta diferente a lo que tenemos. O peor aún, nadie sabe qué hacer.

La Corporación Alfa lidera gran parte de los negocios mexicanos. Ahora también cuenta con una propuesta de cambio que de amplificarse, tiene el potencial de cambiar el juego del liderazgo en México.

Desde 2013, Alfa Fundación formó un Proyecto Educativo que inició relativamente modesto, apoyando a 100 estudiantes de secundaria de la Zona Norte de Monterrey. Los chicos trabajan todos los días de 2 a 6 de la tarde, y los sábados por la mañana. Después de clase, son recogidos en sus escuelas, trabajan por la tarde y llegan a hacer tareas.

Ha crecido pronto. Yossi es una estudiante de tercer año de secundaria que aspira a estudiar en una universidad de elite de los Estados Unidos, o al menos, en el Tecnológico de Monterrey. Su origen social es modesto, y difícilmente podría ver cumplido su sueño.

Pero con Alfa Fundación sabe que lo único que tiene que hacer es mantenerse apegado a los estrictos estándares de la organización. Cosa de pasar todos los exámenes de matemáticas, inglés, ciencia, y los mejores de los mejores sólo tienen que soñar con cambiar al país, y su destino. Por eso cuando cumplió 15 años, su festejo consistió en estudiar duro. Ya habrá tiempo de fiestas.

Alfa Fundación invierte en los más de 1500 chicos que apoya, una cantidad alta de recursos de todo tipo. El objetivo es dotarles de movilidad social. No hay, hasta donde conozco, un esfuerzo similar en el país, incluyendo la Ciudad de México. La clase gerencial de Alfa no parece intimidarse ante nuevos jugadores. Es la misma clase que en la década de los 40 fue acusada de comunistas por sus colegas del Centro y Sur del país, habiendo inventado la política social mexicana para sus trabajadores.

¿Se puede convocar a una propuesta dramática de cambio que vaya más allá de un sector de una ciudad? Se puede, sí, pero para ello hay que pensar diferente. Con los estudiantes de secundaria y preparatoria que tenemos ahora, difícilmente se puede proponer universidad para todos, al menos una que sea de calidad. Se puede si le damos una sacudida al sector educativo, y eso no se logrará aliándose con sus dirigentes sindicales.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo