Barbie y sus modelos a seguir

Yo recuerdo muy bien las mías: eran güeras, esculturales, bien vestidas y manejaban un convertible... pero siempre estaban despeinadas

Por Ibero

Por: Por Claudia Jiménez

Yo creo que muchas mujeres que nacieron entre los setenta y los noventa guardan una relación parcialmente emotiva con una Barbie, porque jugaron con una –Hablo específicamente de esas décadas, a pesar de que la marca es más vieja, porque son los casos que puedo registrar–. Yo recuerdo muy bien las mías: eran güeras, esculturales, bien vestidas y manejaban un convertible… pero siempre estaban despeinadas. Todas las Barbies con las que jugué de niña, en los ochenta, ciertamente estaban asociadas con un modelo de mujer muy diferente a mí: además de las características materiales antes mencionadas, ninguna tenía relación con una profesión o algún oficio, y estaban más bien asociadas con irse a echar el cafecito e ir al salón de belleza.

Y a pesar de haber amado, admirado, y jugado tantas horas con todas mis Barbies, mi adultez no se parece nada a lo que ninguna de ellas me prometió. Tal vez sólo nos parecemos en lo despeinadas. Las percepciones, los tiempos y los axiomas han cambiado. Hoy por hoy, un modelo de mujer con la personalidad de una Barbie es impensable, pero lo cierto es que eso fue lo esperado para la mayoría de las mujeres durante los ochenta y en las décadas anteriores a esa. Seguro habrá alguna estadística en la que conste que había muchas más amas de casa de las que hay ahora, por el simple hecho de que en cualquiera de esas décadas había mucha más bonanza que la que tenemos en estos tiempos aciagos y de crisis, y, por lo tanto, las mujeres no tenían que trabajar para sobrevivir. ¿Pero es realmente eso lo más criticable de las características de una Barbie?

Uno de los fundamentos de la marca de Barbie se basa en la aseveración de que todas las niñas que juegan con una de sus muñecas se identifica con ella como modelo a seguir, una aspiración para su vida adulta, y esa misma característica es la que la ha puesto como blanco de todo tipo de críticas sobre los estereotipos negativos que reproduce sobre la mujer, que son, a saber: que las mujeres tienen que ser increíblemente voluptuosas para considerarse sexys, que deben tener mirada pispireta y piel y pelo impecables. Básicamente tienen que ser una Kardashian. Y, si son inteligentes, deberán verse como modelos, pero con lentes.

Si algo es admirable y sorprendente de Barbie es que, como toda mujer bonita, se le ha subestimado y detrás de ese semblante de niña consentida tonta, en realidad hay una estrategia ambiciosa y certera para adaptarse a sus tiempos. Si antes el modelo a seguir era una mujer refinada y guapa, con buen gusto y mucho tiempo libre, ahora Barbie ha cambiado: sigue siendo guapa y refinada pero ahora con negocio. Y de unos años para acá hemos encontrado Barbies que tienen oficio y beneficio, incluso algunas que representan una ocupación históricamente asociada con características masculinas. Entonces no solo hemos visto Barbies doctoras, sino Barbies constructoras y astronautas… justo como ha pasado con las mujeres reales.

Pero en esta búsqueda por representar un modelo a seguir digno para las mujeres del mundo, el último gran movimiento de Barbie fue crear una serie de muñecas de edición limitada que rinden homenaje a algunas de las grandes mujeres de la historia: desde Amelia Eckhart hasta Frida Kahlo. Hay de todo: conservacionistas, deportistas, matemáticas, cineastas, diseñadoras y más. Al menos yo sí hubiera comprado la versión de Frida, pero sigue habiendo algo en el planteamiento de Barbie que aún no termina de cuajar.

Todos hemos visto un cuadro o una foto de Frida Kahlo y sabemos perfectamente que su atractivo no estaba ni cerca de los estándares de belleza clásicos. Es decirq que no se parecía a Bibi Gaitán, como su versión en Barbie. Lo mismo sucede con la mayoría de las mujeres homenajeadas: todas fueron hermosas, pero ninguna pudo ser modelo. Más allá de eso, lo importante es que eran talentosas y si fueron bellas o no, eso pasó a segundo, tercero o cuarto plano. ¿Por qué su versión en Barbie tiene que ser tan despampanante? ¿Por qué persiste la necesidad de blanquearlo todo para volverlo exitoso en el mercado? Se da por entendido que Barbie tiene un estilo y un molde para hacer muñecas y que una versión de cualquiera de nosotros, dentro del molde de Barbie, tendría que adquirir sus prosopopéyicas dimensiones, pero tal vez eso es lo que un día la marca debería comenzar a modificar. Eso es lo que ha abanderado a sus críticas durante todos estos años. A lo largo de todas estas décadas, las mujeres han ganado batallas en cuanto a la igualdad, representatividad y equidad de género. Faltan muchas cosas por hacer, y tal vez la última y la más difícil termine siendo la de la violencia que se ejerce mediante la presión de perseguir un estándar inalcanzable de belleza, no importa cuan talentosas sean.

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