El autosabotaje de la desesperación

La escasez obedece también a añejos problemas estructurales derivados de estrategias urbanas inadecuadas, los cuales datan del virreinato español, pero también a la localización geográfica de la ciudad y a algunos mucho más recientes

Por César Cravioto

Sin investigación judicial previa, la administración capitalina atribuyó a supuestos actos de sabotaje el cierre de válvulas del agua en varias demarcaciones de la ciudad.

En efecto, el director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México alertó desde el 6 de marzo:

“En los últimos días se ha detectado un notable incremento en la manipulación de válvulas por personas no autorizadas que han generado inconformidad de vecinos por una consecuente afectación a su servicio de agua potable”.

Las imputaciones se dan en el marco de los desastrosos resultados ofrecidos por el gobierno local en todos los rubros, como crecimiento de la inseguridad –narcotráfico, récord en homicidios dolosos, feminicidios–, desempleo, aumento del comercio informal, pobreza…

Y de manera sobresaliente, en medio de la severa escasez de agua que afecta de manera endémica a millones de personas. Tendencia agudizada, en detrimento del bienestar y de la salud de los capitalinos, en los más recientes años.

Desde luego, no todo es culpa del gobierno local. La escasez obedece también a añejos problemas estructurales derivados de estrategias urbanas inadecuadas, los cuales datan del virreinato español, pero también a la localización geográfica de la ciudad y a algunos mucho más recientes.

Por ejemplo, en una investigación publicada en The New York Times hecha con base en información de importantes estudiosos del tema, se advierte que “el cambio climático amenaza con llevar a la megalópolis mexicana hacia una crisis ambiental sin precedentes”.

Michael Kimmelman, autor del análisis explica:

“Hay más en juego que sólo la ciudad. Si el cambio climático causa estragos en el tejido económico y social de lugares clave en el mundo como la Ciudad de México, (…) ninguna muralla, arma, alambrado, dron armado ni mercenario desplegado de manera permanente podrá salvar a la mitad del planeta de la otra mitad”, advierte en alusión al libro Tropic of Chaos: Climate Change and the New Geography of Violence, de Christian Parenti.

De ese tamaño es el problema. Por eso, atribuir sin pruebas de por medio la insuficiencia del líquido a un sabotaje equivale a continuar con la facilona actitud del avestruz que esconde la cabeza para no enfrentarse a las dificultades.

En todo caso, en días pasados Morena solicitó a las autoridades correspondientes, desde la tribuna de la Asamblea Legislativa, llevar a cabo las investigaciones pertinentes sobre el cierre de válvulas, pues, sin duda, éstas deslindarán a Morena de cualquier responsabilidad en el manejo y manipulación de los grifos.

Asimismo, en representación de Morena las diputadas locales Ana María Rodríguez y Aleida Alavez, así como las legisladoras federales Ernestina Godoy y Leticia Carrera demandaron instaurar, en lo inmediato, un Protocolo de Actuación para atender el desabasto.

En este contexto, se antojan por lo menos sospechosas las declaraciones de que el cierre de cincuenta válvulas de agua tiene tintes políticos. Pues, cabe la reiteración, fueran hechas antes de realizarse una investigación oficial al respecto.

Y como el oportunismo tiene cara de hereje, el diputado Raúl Flores, presidente del PRD en la capital exhortó a Morena “a no golpear a los capitalinos en uno de los temas que más nos afectan sólo por ganar una elección”.

Vaya. Tal vez lo que en realidad le preocupa a Flores es la enorme ventaja en las encuestas de Claudia Sheinbaum sobre Alejandra Barrales. Pues, incluso, en algunos sondeos la abanderada de Morena dobletea a la candidata del PRD y Acción Nacional en el porcentaje de preferencias ciudadanas.

O quizá le angustia que el priista Mikel Arriola desplace al partido del Sol Azteca al tercer lugar. Por supuesto, la propia Alejandra Barrales aprovechó el viaje para sumarse a la cargada de acusaciones contra Morena.

En el mismo tenor, la diputada local del PRD, Elizabeth Mateos, interpuso una denuncia ante la Procuraduría local. Y también acusó a personas supuestamente ligadas con Morena de encabezar bloqueos en Iztacalco y de quienes se presume, afirmó, están relacionadas con el sabotaje al suministro.

Es probable que a la legisladora le atormenten las mismas tendencias electorales que a Flores. Pues en vez de solidarizarse con los vecinos de la demarcación que supuestamente representa, con una irresponsabilidad que asusta los tacha de saboteadores.

A la andanada de acusaciones se sumaron el jefe delegacional de Magdalena Contreras y el encargado de despacho de Coyoacán. Y la teatral indignación de Santiago Taboada, el panista candidato del Frente a la alcaldía de Benito Juárez.

Siendo así, resuelta por demás extraño que se olvide que los partidos hoy aglutinados en la coalición Por la CDMX al Frente se negaron a aumentar, de manera significativa, los recursos presupuestales destinados al Sistema de Aguas, como propuso Morena en la Asamblea Legislativa.

Y que la bancada de Morena en el organismo parlamentario se opuso a la aprobación de la Ley de Sustentabilidad Hídrica, porque la verdadera intención de ésta es privatizar el abastecimiento de agua en la ciudad. Norma que, por cierto, fue apoyada con entusiasmo por Acción Nacional y el PRD.

Como también se oculta que desde octubre –hace cinco meses– Morena presentó una iniciativa de reforma al Código Penal destinada a aumentar las sanciones a quienes manipulen indebidamente las válvulas de la red de distribución y suministro. O que especulen o condicionen el reparto del líquido.

Desde luego, la Iniciativa fue congelada, enviada al limbo de las comisiones por los legisladores del PRD y PAN, esos mismos que hoy se muestran tan preocupados por los presumibles atentados.

Convendría, luego entonces, que se dejara de responsabilizar a otros sobre los temas vitales para el bienestar de los ciudadanos. Y que mejor la administración local se diera a la inaplazable tarea de cumplir con su obligación de garantizar un buen servicio en el suministro del líquido.

No vaya siendo que atrás de las acusaciones se esconda la oscura intención de criminalizar las luchas vecinales en defensa del suministro de agua, habida cuenta de que se aproxima la temporada de estiaje.

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