INE vs Ciudadanos, visión de campo

Primero, vale la pena recordar que la lucha por las candidaturas ciudadanas tiene nombre y apellido. Jorge Castañeda promovió de distintas maneras el derecho a que cualquier ciudadano pueda efectivamente ser votado

Por Juan Enrique Huerta Wong

Usted camina en una plaza pública, por ejemplo, la Alameda de la Ciudad de México. De pronto alguien viene hacia usted, solicita su apoyo firmado para un candidato ciudadano. Usted accede, saca su credencial de elector, la cual es fotografiada, y después usted firma en el teléfono celular del extraño. Sólo si más de un millón de personas accede a este proceso, la persona a la cual usted le ha dado su apoyo puede aparecer como candidato.

En el país más violento del mundo que no tiene una guerra declarada, la probabilidad de confianza en los extraños es casi cero. Aún así, todos los días encontramos en las calles de México ciudadanos que están dispuestos a confiar en extraños porque están hartos de la corrupción, la impunidad, la ineficiencia de las instituciones. Hartos de escuchar todos los días cómo el amigo del amigo, el primo, una sobrina, ha sido víctima de violencia.

Al fallar contra independientes, el INE ha jugado un rol pro partidos, y avalado los candados que distintos órganos electorales han puesto a quien rete el status quo. Las buenas conciencias exigen hoy que se queme en la hoguera de la virtud pública a Jaime Rodríguez “El Bronco”, y a Armando Ríos “El Jaguar”. Sin defender a nadie, vale la pena un vistazo desde el campo, ahí donde se forja el destino de las personas, lejos de la comodidad del escritorio de la comentocracia.

Primero, vale la pena recordar que la lucha por las candidaturas ciudadanas tiene nombre y apellido. Jorge Castañeda promovió de distintas maneras el derecho a que cualquier ciudadano pueda efectivamente ser votado, como lo promueve la Constitución. El INE se opuso, pues cada consejero tiene detrás de sí a los partidos tradicionales. No hay otra forma de llegar al INE, a años luz de los años dorados de José Woldenberg y Jesús Cantú.

Una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos promovió finalmente que el INE aceptara las candidaturas ciudadanas, y después de algunos ejercicios, en 2018 será la primera vez que podremos votar por representantes del Poder Ejecutivo, Presidente y Gobernador, no vinculados con partidos políticos.

Pero no es fácil para cualquiera efectivamente poder ser votado. El INE estableció un proceso que en la práctica, es casi imposible de sortear. Para que un candidato ciudadano aparezca en las boletas, es preciso que haya firmas válidas, obtenidas por ciudadanos que fotografían credenciales del IFE, cuyos dueños firman después en un un teléfono celular. Sólo el hartazgo ha reunido a más de dos millones de firmantes, de acuerdo incluso con las listas rasuradas del INE.

¿Barreras? Todas. Como voluntario promoviendo firmas a favor de la candidatura de Enrique Cárdenas, aprendí que la mayoría de las personas no porta la credencial del INE, sabedoras que cualquier día puede ser robado y entonces perderla. También, que muchos están hartos de la inseguridad y el estancamiento económico. Así que agredirán a todo lo que suene político. Mucha gente no ha actualizado la credencial. Otros sólo son desconfiados.

Más barreras fueron colocadas por el alto número de firmas solicitadas por el INE. Con frecuencia, más firmas que miembros de partidos políticos. Que las fotos de las credenciales luzcan como tomadas de originales. Además de la foto, el voluntario tiene que identificar distinta información técnica en la credencial, de todos los modelos vigentes de credenciales. Mayor sofisticación aumenta dramáticamente la posibilidad de fallo. Lo supimos siempre.

El proceso difícilmente podía ser más burocrático y alejado de la realidad cotidiana. Y sin embargo, algo se cuece. Con Margarita Zavala, Manuel Clouthier o Pedro Kumamoto, crece cada día la esperanza, para algunos ciudadanos, de ser gobernados por personas ajenas a la mafia de los partidos políticos.

En este país el consenso proporciona desconfianza. Y que veamos que los medios mantienen un consenso con el INE no hace sino alimentar las dudas hacia el que debiera ser un impecable órgano de los mejores ciudadanos. No sabemos los detalles de cómo fueron detectados los fallos en el sistema. Ante la opacidad, demasiado consenso promueve sospechas. Ante eso, la pregunta es simple: ¿quién gana al borrar a los candidatos independientes de la boleta electoral?

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