Instrucciones para sobrevivir tiempos electorales

Para ser leídas con: “Fantasmas”, de Agrupación Cariño

Instrucciones para sobrevivir tiempos electorales

Paso 1. Elija con cuidado a quién acariciar: al candidato o a su perro

Se dice con frecuencia que el perro es el mejor amigo del hombre, pero no se explica por qué. Mi sospecha es que, al tratar de convencernos de nada, se gana el aprecio de manera automática. Haga las cuentas con el candidato de su elección.

Paso 2. Tómelo como debe ser: con humor negro

Las personas no inventaron a los presidentes, pero hoy los candidatos harían lo que fuera (incluso inventar personas) para ser presidentes. Si no tiene otro color para su humor, procure el negro, cuando en la tarea de elegir al menos malo se trata. De lo contrario, su tez podría adoptar ese color.

Paso 3. Promueva los tiempos con creatividad

Cuando se exponga a un discurso, especialmente uno de esos que debieron enlatarse para ser guardados en la más alta repisa del Museo de lo Increíble, dele una oportunidad a la ternura, más que a la indiferencia. Nadie dijo que un político garantizaría el sentido común, y precisamente por ello podríamos cargarlos de llavero.

Paso 4. Haga de las campañas una caja y envuélvase

Los candidatos han de pensar que usted y yo somos alérgicos a la paz y al buen gusto. Suponen que al ritmo de melosas canciones la gente saldrá a votar en escuadrones, ignorando las razones para ello. Eslogans, taglines, call to actions, son tan ajenos que parece que nos ven como una mercancía y no como la razón de ser de un partido: representar fidedigna e íntegramente al pueblo frente al gobierno. Independientemente si son tiempos electoreros.

Paso 5. Cuestione si lo que usted necesita son campañas

En estos tiempos es más importante contarlo que hacerlo. Ponga en su mente, al candidato que quiera y deposítelo en una isla desierta. Lo más probable es que ni ahí podría ser él mismo. Por eso, mejor aparte lugar para la dinamita dentro de su sistema de creencias. No faltará el candidato que jure lealtad y pureza hasta su madre, y termina siendo ésta quien lo eche de cabeza por fraudes con tantos ceros, que en lugar de exigirle castigo, devolución y restitución, mejor se aparte del reflector para esperar algún otro escándalo y así ser olvidado. Hasta que en seis años aparezca como jefe de campaña o candidato plurinominal. Con todo esto, el que nos comportemos como ovejas no es precisamente culpa del lobo.