Reto 1: La Pobreza

La mitad de la población vive en condición de pobreza, y 1 de cada 5 mexicanos, bajo la pobreza que mata

Por Juan Enrique Huerta Wong

Mientras un candidato habla de lo súper preparado que está, otro de enfrentar todo con tecnología importada, y uno más de regalar todo el dinero del mundo, toca hablar de los retos centrales que encara el país. El primero es el desarrollo, y ése pasa siempre por el elefante en la sala: la pobreza. 

 

México ha hecho inversiones muy importantes en materia de desarrollo social. Sus prácticas han sido en diversas ocasiones un modelo para otros, por ejemplo, la medición de la pobreza multidimensional ha sido replicada, pues la forma tradicional de medir la pobreza es exclusivamente a través del ingreso. 

 

La pregunta que con frecuencia nos hacemos los analistas del desarrollo es cómo salir de la pobreza. Para algunos, la pobreza es simplemente un problema demasiado grande como para pensar en erradicarlo, pero de hecho no hay una forma de convivir en paz con nuestros pares en la OCDE, o nuestros pares en Norteamérica, sin reducirla dramáticamente. De alguna manera, cuando Trump nos mira por encima del hombro, es imposible pensar que algo de razón tendrá.  

 

Este sexenio cambió la forma de medir la pobreza, y un número significativo de pobres se redujo sólo porque medimos esta condición de manera diferente. Aún así, bajo cualquier medición, la mitad de la población vive en condición de pobreza, y 1 de cada 5 mexicanos,  bajo la pobreza que mata, pensando qué comerá mañana.

 

Hay varias cosas difíciles de asimilar. La primera es que después de dos décadas de contar a la población que vive en pobreza, aún no entendemos del todo qué se puede hacer. Esto porque desde la mirada del egresado promedio de la universidad élite, entender cómo se vive con dos dólares al día, cómo duermen, cómo se alimentan y cómo llevan el escaso pan a casa las personas que viven en esta condición, es muy difícil. Gobernarlos sin entender, es tarea titánica. 

 

Pero incluso entre los analistas del desarrollo, se sabe muy poco acerca de la experiencia cotidiana de la pobreza. Cuando esto se sabe, es para entender su fenomenología, pero no para transformarla. ¿Cómo y bajo qué condiciones una persona se molesta lo suficiente para hacer lo imposible por salir de la pobreza? ¿En realidad interesa a las clases medias reducir la pobreza si se sirven de ella para contratar mano de obra barata?

 

Una idea reciente, de Raymundo Campos del Colegio de México, es invertir insistentemente en los estados con mayor pobreza. Si se reduce dramáticamente la pobreza en estos estados, es el argumento, automáticamente habrá mejora para el promedio nacional. Gerardo Esquivel, economista de Harvard y ahora asesor económico de López Obrador, coincide con esta visión. 

 

Un problema que ha ocurrido con la política pública es saltarse sistemáticamente un paso del método científico. Una buena idea se pilotea, es decir, se prueba en pequeño antes de salir al país a hacer inversiones experimentales. Tan buena como puede ser priorizar la inversión en las regiones pobres, por cierto la idea fundamental detrás de las Zonas de Atención Prioritaria, es necesario no hacer inversiones masivas. Cuidar los recursos públicos debe ser una máxima. 

 

¿Por qué debe importarnos la pobreza? Porque la pobreza mata, no sólo al pobre, sino a quien se atraviesa en su desesperada búsqueda por los recursos. Imposible proponer un combate exitoso al crimen organizado, sin que la pobreza sea resuelta, de una vez y para siempre.

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