¿México requiere contestar con mayor fuerza ante las políticas fronterizas de Donald Trump?

Desde Los Pinos defendieron esa decisión argumentando que era necesario abrir canales de comunicación con ambos candidatos, pese a que la demócrata rechazó la invitación del presidente Peña Nieto

¿México requiere contestar con mayor fuerza ante las políticas fronterizas de Donald Trump?

Por décadas, México se distinguió por su capacidad de tener una política exterior independiente y no alineada a los intereses de su vecino del norte; ello quedó demostrado en diversos episodios históricos entre los que se pueden destacar la posición mexicana contra la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos en 1962, su oposición al derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende en 1973, o en 2003, cuando México no apoyó la invasión de Estados Unidos a Irak, lo que le costó la congelación de la relación bilateral en tiempos en los que se hablaba de la posibilidad de alcanzar un gran acuerdo migratorio.

Cuando la campaña presidencial estadounidense arrancó y Donald Trump se hizo de la candidatura republicana, bajo el lema de “Hagamos América grande de nuevo” (Make America Great Again) inició una fuerte ofensiva contra nuestro país responsabilizándolo de la pérdida de empleos y del cierre de empresas estadounidenses, su discurso se centró en acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y tildó a los migrantes mexicanos de “violadores” siempre de la mano de una retórica xenófoba.

En ese contexto y cuando las encuestas daban hasta 15 puntos de ventaja a Hillary Clinton sobre Donald Trump, el gobierno mexicano anunció la sorpresiva visita del candidato republicano a nuestro país, noticia que no fue bien recibida ni entre la población ni en el Congreso de México; la ominosa visita del empresario estadounidense quedó como uno de los momentos más oscuros y vergonzosos en la historia diplomática de nuestro país.

Desde Los Pinos defendieron esa decisión argumentando que era necesario abrir canales de comunicación con ambos candidatos, pese a que la demócrata rechazó la invitación del presidente Peña Nieto; la realidad, como en casi todos los temas, ha rebasado la retórica del gobierno priista pues hoy, tras poco más de un año del inicio de su presidencia ha sacado a su país del ambicioso Tratado Transpacífico (TPP, por su siglas en inglés), ha forzado la renegociación del TLCAN, ha arremetido contra los dreamers en su mayoría mexicanos, y desde la semana pasada ha enviado militares a la frontera con México.

El despliegue de la Guardia Nacional representa un acto de agresión y de hostilidad contra México, el cual fue contestado por el Presidente de la República con un mensaje firme que ha unido a la nación pero que, en honor a la verdad, ha llegado tarde. Todos estamos unidos en la defensa de nuestra soberanía, respaldamos al presidente, pero este mensaje resumió la postura del gobierno mexicano ante la crisis: una respuesta tardía e insuficiente. A los Estados Unidos les conviene que México colabore con ellos en materia de seguridad, ante las amenazas y las agresiones es hora de mostrar contundencia; como lo señaló Ricardo Anaya, nuestro país debe condicionar este apoyo a que cese la hostilidad y la irracionalidad de la administración Trump.

En el contexto de la contienda electoral presidencial en México, los candidatos han hecho sus posicionamientos en torno a la defensa de la dignidad de nuestro país pero con matices. En el caso de López Obrador queda claro que carece de conocimientos en política exterior, ya que consideró que la respuesta debía ser una cadena humana a lo largo de más de 3 mil kilómetros de la frontera, algo que requeriría la participación de 3 millones de personas vestidos de blanco.

Enrique Krauze afirmó que a los tiranos se les enfrenta, esto fue confirmado con las acciones del gobierno de China, con quien Trump inició una guerra comercial, que sostiene que es “imposible” dialogar con el presidente estadounidense, además de que es irreal que mientras amenaza con imponer sanciones quiere iniciar negociaciones. En ese sentido, el gobierno mexicano debe asumir una actitud firme, fortalecer su estrategia de diversificación de mercados y demostrarle a la administración Trump que nada ni nadie está encima de la dignidad de México, con acciones no sólo con discursos.