¡ASÍ SÍ!

Desde siempre, Andrés Manuel López Obrador ha sostenido que los empresarios son factor clave en el desarrollo y resurgimiento de la nación.

Por César Cravioto

Desde siempre, Andrés Manuel López Obrador ha sostenido que los empresarios son factor clave en el desarrollo y resurgimiento de la nación.

Convicción que demostró en su mandato como jefe de Gobierno de la capital, de 2000 a 2005, lapso durante el cual, por ejemplo, la inversión extranjera directa evidenció la confianza en su administración al alcanzar la cifra de 6 mil 226 millones de dólares.

Confianza que le ratificaron sus gobernados, al premiarlo con una histórica aprobación de 76 por ciento.

El 20 de noviembre de 2016, durante el II Congreso Nacional Extraordinario de Morena, el hoy candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia revalidó su convencimiento al respecto:

“Vuelvo a decirlo: no todo el que tiene dinero es malvado, no estamos en contra de quienes con tenacidad y empeño invierten, generan empleos, obtienen ganancias lícitas y se comprometen con el desarrollo de México. Estamos en contra de aquellos que amasan grandes fortunas de la noche a la mañana, apoyados en la ilegalidad, el influyentismo y a la sombra del poder público.

Estamos en contra de la riqueza mal habida, de la corrupción que ha dado al traste con todo y es la causa principal de la desigualdad social y económica”.

Pero esta convicción no se circunscribe a López Obrador. En la declaración de principios de Morena se estipula:

“Morena es un espacio abierto, plural e incluyente, en el que participamos personas de todas las clases sociales y de diversas corrientes de pensamiento, religiones y cultura.

“Nuestro movimiento reconoce su esencia en la pluralidad”.

Es decir, que Morena no es un partido de clase, sino incluyente, que lucha contra la corrupción y porque nadie esté por encima de la Constitución, como en el liberalismo de Juárez. Que busca reintegrar los derechos sociales heredados de la Revolución Mexicana, pero con mayores márgenes de democracia ciudadana en un marco pluricultural.

De tal modo, la reciente andanada de acusaciones en contra de López Obrador por haber incurrido en supuestas descalificaciones al señalar que ciertos poderosos hombres de negocio pretenden que José Antonio Meade decline su candidatura en favor de Ricardo Anaya, es falaz y desproporcionada.

En realidad, no se trata de un embate del sector empresarial en su conjunto. Y ni siquiera de un número significativo. Sino de un poderoso, pero pequeñísimo grupo, que se ha opuesto al proyecto de nación de López Obrador. Y que ha dedicado cuantiosos recursos a difamarlo. Que busca construir, a partir de la nada, un conflicto.

Porque, como lo confirman las múltiples reuniones de López Obrador con cámaras patronales, la mayoría de empresarios lo respalda porque saben que es el único candidato que les garantiza mayor crecimiento, prosperidad y florecimiento de sus negocios.

Y porque el ínfimo crecimiento registrado en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que ahondó los de por sí monumentales índices de pobreza y desigualdad heredados por los regímenes panistas, desalientan las utilidades al reducir el mercado interno y favorecer tan sólo a un grupo de traficantes de influencias aliados con la cúpula gubernamental y el capital trasnacional.
En palabras de López Obrador:

“Es un grupo que se ha beneficiado al amparo del poder público, que se han hecho inmensamente ricos a costa del sufrimiento de los mexicanos y son los que mandan, ese grupo nos negó la Presidencia en el 2006. Y (hoy) de nuevo conspiran en contra de la posibilidad de que en México haya una auténtica democracia y no quieren perder el privilegio de mandar”.

No obstante, el viernes 4 de mayo advirtió su disposición a llegar a un acuerdo con estos empresarios, “si se comprometen a hacer negocios legales”.
Para que el gobierno. Y ese es el tema de fondo, no esté al servicio de una minoría rapaz, sino de todos los mexicanos.

En resumen, la relación del gobierno de López Obrador con los empresarios, como también el de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, será transparente, respetuosa, de mutua colaboración.

Sin moches y sin privilegios para los cuates. Pero también sin vetos a ningún empresario.

Sheinbaum lo ha dicho en repetidas ocasiones: “Nuestro gobierno estará abierto a nuevas ideas y proyectos”.

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