Expectativa vs. Realidad

De acuerdo a nuestras necesidades e inseguridades, vamos por la vida creyéndonos historias que sólo existen en nuestras cabezas al momento de coincidir con algún prospecto de [email protected] o [email protected] potenciales

Por Yazmín Alessandrini

Los hombres y las mujeres somos, cuando se trata de relaciones de pareja (noviazgos y matrimonios) unos verdaderos expertos en el finísimo arte de vendernos espejismos. De acuerdo a nuestras necesidades e inseguridades, vamos por la vida creyéndonos historias que sólo existen en nuestras cabezas al momento de coincidir con algún prospecto de [email protected] o [email protected] potenciales, y esto se debe primordialmente a que cuando encontramos a alguien que acapara nuestra atención lo primero que hacemos es mostrar a nuestro “mejor yo” y prácticamente escondemos bajo la alfombra a aquel individuo lleno de sombras y bajorrelieves, al tiempo que sólo vemos en la otra persona sus mejores rasgos y nos negamos a reconocer en ella algún defecto o falencia.

Lo anterior, lamentablemente, como en la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, detona en el corto plazo un conjunto de decepciones en la otra persona que si bien también posee virtudes y defectos como nosotros, es evidente que debido a sus propios conceptos (aquí es obligatorio considerar el ego de cada individuo) se van creando ciertas expectativas que en un momento determinado acaban chocando con la cruda realidad y a la postre eso conduce a las rupturas.

Pero, ¿qué debemos hacer para que logremos aterrizarnos en una relación balanceada y sortear exitosamente aquellas trampas que nos tiende la tentación de querer vendernos como alguien que no somos y, al mismo tiempo, no poner en un pedestal a aquella en la que estamos depositando nuestros sentimientos y nuestro bienestar emocional?

De nuestra parte, en una primera instancia hay que luchar a brazo partido por ser lo más auténticos que se pueda y dejar brotar nuestra personalidad, con sus luces y con sus sombras, para que así la persona con la que estamos conviviendo pueda formarse un mapa adecuado y asertivo de quiénes somos. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que si ejercemos la empatía, la comprensión, la solidaridad, la educación, el respeto y la tolerancia habremos avanzado un muy buen trecho para que nos perciban nítida y honestamente. Obviamente, en esta fase es indispensable que nos mostremos totalmente sinceros bajo cualquier circunstancia y no engañar con poses o falacias a quien nos está acompañando.

En el otro extremo, y el cual a mí me parece el más delicado en su tratamiento, tiene mucho que ver con la manera de cómo depositamos nuestras emociones y nuestras expectativas en la otra persona, porque si bien es cierto que cuando se trata de una pareja ambos deben abrir sus mentes y sus corazones, también debemos hacerlo gradualmente y de forma mesurada, porque hay muchas personas que vuelcan todos sus miedos, todas sus inseguridades, todos sus traumas e incluso todos sus fracasos previos. Tener una pareja es contar con alguien que nos acompañe a lo largo del camino y no para que le echemos sobre la espalda todo nuestro cúmulo de cicatrices o temores. Hay que aceptar en todo instante que el éxito o el fracaso de una relación dependerá de que tan capaces podemos ser de ver en el otro a una persona con derecho a una individualidad, a un espacio propio y a un poder de decisión único que al ejercerlo plenamente le conducirá a querer estar con nosotros, sin importar lo complejo que sea el panorama.

Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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