La debacle del PRI

Los números del PRI son alarmantes en el país. Las encuestas públicas señalan que solamente tiene posibilidades de competir en una de las 9 elecciones a gobernador

La debacle del PRI

El cambio de dirigente nacional del PRI en medio del proceso presidencial es inédito y refleja el tamaño de la crisis que se vive en ese partido político. La salida de Enrique Ochoa, quien desde hace semanas había desaparecido, pareciera sólo una parte de la tragedia del Revolucionario Institucional. Lo sustituye René Juárez, ex gobernador de Guerrero, cercano a Osorio Chong y con la misión casi imposible de volver a ser competitivos.

Los números del PRI son alarmantes en el país. Las encuestas públicas señalan que solamente tiene posibilidades de competir en una de las 9 elecciones a gobernador. Parece ser que Yucatán es el único estado en donde son competitivos, sin seguridad de ganarla. En varios estados incluso son terceros.

En el camino para la presidencia de México su destino no parece más alentador, después del debate las encuestas confirmaron que están afianzados en el tercer lugar. José Antonio Meade ha intentado de distintas maneras dar a conocer sus propuestas. Es visto como un funcionario preparado y con capacidad, pero a la cabeza de un partido impresentable. Hoy la honestidad que representa como político se desmorona con las imágenes de varios personajes que lo acompañan.

Los escándalos del sexenio pudieron más que las cosas buenas que se habrían hecho en esta administración. Las calificaciones de los gobiernos siempre están encaminadas a los números reprobatorios, se agudizan cuando en el gobierno hay omisiones.

En ese sentido, buena parte de los que gobiernan cayeron en excesos y en corrupción, de ejemplo tenemos a varios exgobernadores, eso en medio de una elección es una loza muy difícil de sostener. Ni la honestidad que puede representar José Antonio Meade ha podido contrarrestar esa mala imagen de los gobiernos del PRI.

Sin duda, hay funcionaros honestos y que han hecho un trabajo impecable al frente de sus responsabilidades, sería inadecuado acusar que todo el que tiene una responsabilidad en el gobierno es un ladrón, porque no es así. Eso sería injusto e impreciso, sin embargo, hoy para el ciudadano es casi imposible separar los actos de corrupción por encima de los de honestidad.

Quedan 52 días para las elecciones, el PRI hace su último esfuerzo por ser un partido de una sola pieza, el relanzamiento de la campaña de Meade no es más que la respuesta a la preocupación que existe dentro del partido que hoy gobierna, que tiene calificación reprobatoria y que en la campaña no levanta. Parece ser que es su última oportunidad.

Los cambios en la dirigencia del PRI fueron la señal de que se prendieron los focos rojos, que están en crisis, que las sumas no salen y que los números no se ven bien. El PRI está haciendo ajustes para que la debacle no sea mayor, está haciendo ajustes para recuperar lo que sienten se ha perdido, está haciendo ajustes para intentar regresar a la carrera en la que hoy se saben terceros. Parece que es un poco tarde, pero solo el tiempo les dará o no la razón, al fin solo faltan 52 días.

Últimas palabras
Nos vendría bien un llamado de todos los candidatos presidenciales a calmar los ánimos. La polarización y los insultos en redes sociales están yendo muy lejos, después de la elección aquí nos quedaremos todos, hay que tomarlo en cuenta.