ProEmpresa o ProMercado

Vale la pena recordar que políticas pro empresa y pro mercado no significan lo mismo

Por Juan Enrique Huerta Wong

Este lunes, 400 organismos empresariales del país salieron a enfatizar lo que es para todos claro, que tienen que ser considerados como parte de la solución y no como parte de un problema. En este contexto, y porque aún están por venir las mejores propuestas económicas de los candidatos, vale la pena recordar que políticas pro empresa y pro mercado no significan lo mismo. Digo que aún están por venir porque si lo que han propuesto es todo, son malas noticias para México.

Citaré un documento del Instituto Charles Koch, un think tank en los Estados Unidos, para guiar esta diferencia entre políticas pro empresa y políticas pro mercado. Ambas son muy diferentes. Política pro empresa por ejemplo, es beneficiar directamente a ciertas empresas o áreas de negocio. Una política pro mercado asume que se tiene que nivelar el terreno de juego para la competencia.

Por ejemplo, una política pro empresa deja que las compañías más grandes participen con ventaja en una licitación. Una política pro mercado invierte para crear oportunidades a empresas pequeñas.

Una política pro empresas crea diferentes impuestos para diferentes industrias, mientras que una política pro mercado nivela los impuestos sin excepciones. Una política pro empresas crea licencias específicas, por ejemplo en las notarías, bloqueando el acceso a más competidores a servicios lucrativos que no requieren ninguna especialidad.

Una política pro empresa y una pro mercado difieren en algo sustancial que es eso, crear filtros de botella a más competidores para evitar que más actores puedan participar. Una política pro empresas hace que haya menos empresas. Para que las haya, es preciso inversión pública para incentivar la competencia, y no beneficiar a las mismas de siempre.

Hay por supuesto arenas donde eso no es posible, son arenas conocidas como “el ganador toma todo”. No hay manera de competir con Netflix, Amazon, Facebook o Google, a menos que el dinero público fuera usado para pervertir el mercado. Pero son excepciones muy claras a la regla de competencia.

Aunque no hay claridad total con la fuente del disenso, ésta parece surgir del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Es un buen ejemplo de la diferencia entre política pro empresa y política pro mercado. En una encuesta llevada a cabo a fin de 2017 por Ipsos Bimsa, los mexicanos ponen como última opción en inversión en infraestructura al NAICM.

Primero, concluye la encuesta, los mexicanos creen que el gobierno habría de invertir en servicios públicos, agua, drenaje, alcantarillado, carreteras y si queda algún recurso, en el aeropuerto. El aeropuerto es un negocio privado que un habitante de la Ciudad de México, aún uno en el 10% más rico de la población, usa relativamente poco en comparación con calles, alumbrado, agua potable. Es difícil creer que Ipsos Bimsa responda a intereses populistas. Los mexicanos no quieren, una vez más, ver dinero público usado para ganancias privadas.

Cuando hay política pro empresa, hay empresarios asociándose de manera no clara con el gobierno. Cuando hay política pro mercado, a los empresarios no les interesa quien gobierne, pues son suficientemente independientes para interesarse por temas electorales. Su fortaleza reside en la asociación con sus clientes.

Todo lo que hemos oído de los candidatos en materia económica tiene que ver con impuestos. Va siendo hora de que planteen cómo, a través de buenas políticas de mercado, van a hacer que proliferen más empresas. Es cierto, las empresas son la solución, y necesitamos que haya muchas más.

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