Con el paso del tiempo

. Alguna vez me contó un programador de radio que una de sus más grandes experiencias fue ir de fin de ida y vuelta a París a escuchar lo que en aquél entonces era el nuevo disco de Julio Iglesias

Por Jessie Cervantes

Ahora que está en pantalla la serie de Luis Miguel, la cual –por cierto– está extraordinariamente bien ambientada y producida, vino a mi mente la forma en como se ha transformado la industria de la música; cómo ha pasado del glamour, el gasto excesivo y los caprichos estratosféricos de las estrellas a la simplicidad de la era digital. De antaño se vendían discos por millones, se compraban boletos por miles y se hacían shows por decenas en lugares de todos tamaños.

Las compañías de discos invertían lo necesario y más en complacer a todos los involucrados en la promoción de las canciones. Alguna vez me contó un programador de radio que una de sus más grandes experiencias fue ir de fin de ida y vuelta a París a escuchar lo que en aquél entonces era el nuevo disco de Julio Iglesias, en aquellos días había para cubrirlo todo, sobre todo si hablamos de Julio, que por años ha sido el rey de la música hispana, el gran vendedor, el gran ídolo. Pero en esto de la historia, la tecnología nos rebasó.

Desde la forma de escribir, de grabar, de producir, de promover, de distribuir, cada vez son menos las disqueras, cada vez son más los sellos, hoy en día la moda es ser independiente, hoy se graba en un cuarto, en una laptop, hoy hay músicos de software, hoy las orquestas de cualquier tamaño están en un disco duro, hoy cada instrumento puede ser una tecla, lo que antes significaba un trabajo de meses, costosos estudios, presupuestos exorbitantes, hoy la simplicidad reina, hoy salen artistas por día, hoy de un beat salen varios éxitos que cubren en segundos el mundo, hoy en lo latino el reguetón manda, hoy hay que grabar y buscar cuál es la mejor agregadora o distribuidora digital, quién te graba el mejor video, hoy se cuentan los views, las tocadas en las plataformas de streaming, hoy la radio sigue siendo clave, pero para que la audiencia descubra la música que después disfruta en otros lados.

Lo mejor para los que hemos sido testigos de los cambios, los que tuvimos la fortuna de tocar un vinilo, de comprarlo, de grabar un cassette, de usar un DAT, de ver la llegada de los CD’s, de comprar una grabadora para poder manipularlos en casa, de admirarse con la llegada de Napster, de ver cómo se desplomaba, de disfrutar la llegada de Itunes, del Ipod, de poder hablar por celular y en el mismo dispositivo tomar fotos, escuchar la radio y las canciones que vengan a nuestra mente. Y lo mejor de mi generación es que, con un poco de suerte, tendremos la oportunidad de ver para donde nos lleva el destino, qué sigue, la música seguirá inspirándonos, seguirá emocionándonos, los conciertos seguirán sucediendo, hoy son más los que ven el show por la pantalla de su celular, ¿pero que pasará en diez años?, ¿qué vendrá? Me emociona, me ilusiona y estoy convencido que lo que seguirán son los éxitos, siempre habrá canciones que cantar, música para bailar, artistas para admirar y siempre habrá un ídolo para seguir.

Larga vida a la música, que sea como sea nos mantenga vivos.

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