¿Las encuestas de este periodo electoral han sido confiables?

No representan con total certeza a la generalidad de los ciudadanos pues se realizan con base en una muestra con juicios o preferencias influenciadas por su ubicación geográfica, nivel de ingresos o de estudios

Por Mariana Gómez del Campo

Las encuestas no son predicciones, son una especie de fotografías del momento que permiten tomar el pulso de la opinión pública. No representan con total certeza a la generalidad de los ciudadanos pues se realizan con base en una muestra con juicios o preferencias influenciadas por su ubicación geográfica, nivel de ingresos o de estudios, o por la forma en que se hizo el levantamiento ya sea en vivienda o vía telefónica. Las encuestas son un parámetro pero, como vimos recientemente en Estados Unidos, no tienen la última palabra.

En los últimos años a nivel global, las encuestas fallaron contundentemente, citemos dos ejemplos: el 23 de junio de 2016, los británicos decidieron si su país permanecía o no en la Unión Europea, a través de un referéndum conocido como “Brexit”; la encuesta publicadas por “Populus” a medio día de ese jueves de junio daban el 55 por ciento al “sí”, otra encuesta publicada un día antes por “Evening Standard" daba al “sí” el 52 por ciento; por su parte, el análisis de las encuestas, conocido en inglés como “poll of polls” de The Financial Times reflejaba que el 47 por ciento apostaban por la permanencia frente al 45 por ciento que querían al Reino Unido fuera del bloque europeo. La sorpresa fue mundial cuando los resultados oficiales arrojaron que el 51.9 por ciento de los británicos votaron a favor del Brexit, lo que puso al gobierno del entonces Primer Ministro David Cameron en jaque y lo obligó a dimitir.

Una situación similar se vivió meses después pues el 2 de octubre de 2016 se sometieron a referéndum los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC; más del 90 por ciento de las encuestas daban al “sí” la victoria abrumadora, de hecho, la encuesta de Ipsos publicada el 8 de septiembre en la Revista Semana, le daba el 72 por ciento de la victoria a la aprobación de los acuerdos de paz; sin embargo, también fue inesperado que con 50.21 por ciento, se impusiera el “no”, lo que obligó al Presidente Juan Manuel Santos a replantear sus alternativas para darle viabilidad a la paz con la guerrilla colombiana.

También existen ejemplos en México, así ocurrió durante las elecciones estatales en 2016, por ejemplo, en Durango, a cuatro días de la jornada electoral, “El Financiero” publicó una encuesta en la que con 49 por ciento se le daba la victoria al candidato del PRI, mientras que “Parametría” daba al candidato priista la victoria con 45 puntos; al final, el candidato de la Coalición Unidos por Ti (PAN-PRD), José Rosas Aispuro, se convirtió en el Gobernador con 46.06 por ciento de los votos.

En Chihuahua la situación era similar pues según una encuesta del diario “Reforma”, el candidato priista tenía la delantera con 40 por ciento de las preferencias mientras que la encuesta de “Mitofsky” refrendaba su victoria con el 30.5 por ciento dejando al candidato panista en un lejano segundo lugar con 16.03 puntos; tras la jornada electoral, Javier Corral se hizo con la gubernatura con el 39.68 por ciento de los votos.

Es innegable que las encuestas permiten contar con elementos de análisis sobre cómo se comporta la opinión pública, sin embargo, no pueden considerarse como infalibles; aunque es posible que tengan un efecto, cuyo alcance aún no está probado, en los indecisos que en este momento rondan ente el 25 y 35 por ciento de las encuestas, pues definen qué candidatos son los más competitivos y, en los días previos a la jornada electoral, deciden a quién le darán su voto.

Cuando los voceros de Morena e incluso su candidato apelan a las encuestas para decir que “este arroz ya se coció” pareciera que hacen un llamado a ya entregarle la presidencia, olvidan que las encuestas son ejercicios estadísticos que están lejos de ser iguales a la elección. En resumen, las encuestas buscan aproximaciones a las creencias de los ciudadanos capturando las opiniones, percepciones, evaluaciones, actitudes y sus comportamientos; representan una fotografía del momento, y aunque no representan la totalidad de opiniones y mucho menos podrían tomar el lugar de los votos de los ciudadanos sí pueden reflejar tendencias. Esta campaña terminará en las urnas y los electores son los que tienen la última palabra.

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